“En mis libros anteriores yo trataba de describir un cierto ejercicio del pensamiento, pero describirlo aún distaba mucho de lo que supone ejercerlo (gritar “viva lo múltiple” no supone ni muchísimo menos hacerlo, hay que hacerlo…)” (Gilles Deleuze, Diálogos, Valencia: Pre-textos, 1980, p.21)
“Escribir no tiene otra función: ser un flujo que se conjuga con otros flujos -todos los devenires minoritarios del mundo-. Un flujo es algo intensivo, instantáneo y mutante, entre una creación y una destrucción. Solo cuando un flujo está desterritorializado logra hacer su conjunción con otros flujos, que a su vez lo desterritorializan, y a la inversa (…). La línea de fuga crea esos devenires. Las líneas de fuga no tienen territorio. La escritura realiza la conjunción, la transmutación de los flujos por los que la vida escapa del resentimiento de las personas, de las sociedades y de los reinos” (Gilles Deleuze, Diálogos, Valencia: Pre-textos, 1980, p.59-60)
Una cosa que siempre me inquietó durante mis años de estudiante de filosofía en la Universidad Católica fue que no existieran espacios reales de intercambio. De hecho, de vez en cuando se organizaban simposios de estudiantes, conferencias del algún profesor invitado, seminarios, etc. También, una que otra vez, espontáneamente, después del almuerzo o con un café de media tarde, nos juntábamos dos o tres personas en una cafetería a conversar. Sin embargo, ninguno de estos encuentros constituía un espacio-tiempo efectivo de trabajo (en el sentido de Marx, acción productiva) en el cual algo interesante pudiera nacer. No eran, entonces, auténticos encuentros. Y las razones de estos fracaso son diversas: en el caso de los eventos más académicos (congresos, etc.) lo que generalmente ocurría, debido a la misma forma estructural de estos eventos, es que alguien hablaba sobre un tema, desde su perspectiva muy técnica, especializada y privada, y los demás, ocupando el rol de público pasivo y receptor, nos limitábamos a escuchar, muchas veces sin comprender, pero asintiendo en silencio con la cabeza, y con un gesto serio y profundo en el rostro. Y al final, infaltable, el simulacro de las preguntas para, auto-engañados, irnos tranquilos pensando que algo sucedió, y que fuimos partícipes. Sin embargo, en sentido estricto, no había habido comunicación, ni diálogo ni intercambio, solo el show de mónadas sin ventanas danzando en el auditorio y cegando a los demás con su brillo.
En el caso de las conversaciones informales, tampoco se da un real intercambio. Una de las principales razones es que los estudiantes -y acá me refiero a los de filosofía, que es a quienes conozco directamente- se convierten en funcionarios o monaguillos de los grandes nombres de la historia de la filosofía. De ahí que cada intervención o debate se terminara convirtiendo en un esforzado intento por mostrar de la mejor manera posible las virtudes de aquel filósofo a quien, sin que él lo haya solicitado, se intentaba defender o justificar. Esto, además, le retribuía al más hábil en el agón filosófico, el perverso poder de haberle mostrado a su interlocutor que la razón (¡el Logos!) lo asiste. Y no hay placer más grande que este para las jóvenes y soberbias almas filosóficas.
Sin embargo, siempre han existido válvulas de escape, líneas de fuga, tanques de oxigeno. Recuerdo ahora con mucha nostalgia y satisfacción un grupo de lectura en el que participé hace varios años (¡2002-2003!) con un grupo de grandes amigos de la universidad. Durante un año leímos las Lecciones introductorias al psicoanálisis de Sigmund Freud. Fue una auténtica experiencia de intercambio, de aprendizaje comunitario, de pensamiento colectivo. Cada sábado por la tarde, nuestras individualidades quedaban suspendidas, suprimidas, puestas entre paréntesis; así, liberados de la tiranía del yo y del nombre propio, se hacía posible una profunda apertura del ser personal que permitía la emergencia y el contacto de esa multiplicidad de rasgos que nos conforman pero que, sometidos al poder de la conciencia subjetiva, no nos permitimos expresar. En ese espacio-tiempo de encuentro, cada uno de nosotros era otros; y todos juntos, fuimos mucho más que un conglomerado de unidades, fuimos una multiplicidad, un agenciamiento. Algo pasó entre nosotros… Y, extrañamente, aunque no por ello sorprendentemente, estas tierras de libertad las hallé en el exterior de la filosofía, en su afuera: no era un grupo integrado por filósofos, sino por gente de diferentes carreras. Varios años después, con otro grupo de amigos surgió el proyecto de intercambio y pensamiento colectivo más importante en el que he participado hasta ahora, y que aún existe: Agenciamiento el Pulpo (www.elpulpo.wordpress.com).
En estas dos experiencias hallé un poco de aquello que desgraciadamente no pude encontrar dentro de la institucionalidad filosófica. Paradójicamente, el espacio que más debería promover e incentivar el trabajo colectivo, pero no lo hace. Solamente tengo un reproche hacia estos grandes intentos de construir espacio-tiempos de encuentro del pensamiento: como ambos provienen directamente de la academia, de la universidad, mantuvieron -a veces más a veces menos- dos coordenadas fundamentales de trabajo: (i) la interioridad lógica y argumentativa del Libro como fuente principal y (ii) la lectura e interpretación del mismo como quehacer central del pensamiento. Por ello, la experiencia del pensamiento, de la colectivización, del encuentro, del intercambio; en pocas palabras, la constitución del agenciamiento, siempre estuvo mediatizada por la verdad de la teoría. En sentido estricto, no nos poníamos en juego a nosotros mismos, no hacíamos una experiencia directa, inmediata, del otro, no activábamos nuestro pensamiento a partir del encuentro con el pensamiento del otro, sino siempre a través de, y gracias a, el libro. Por ello, bajo estas condiciones, no se asiste a una verdadera creación de lo nuevo. No se piensa por primera vez, cada vez, la diferencia del mundo. Se repite, una vez más, el mismo mundo.
Este último fin de semana fui invitado por la gente de TANQ (http://www.tanq.com.pe) a participar en un Booksprint. Sin tener muy claro de qué iba el asunto, pero sabiendo simplemente que pasaría cuatro días completos compartiendo un mismo espacio-tiempo con un grupo heterogéneo de personas desconocidas, acepté sin dudarlo. Lo único que sabía era que iba a encontrarme con gente para colaborar y construir un pensamiento colectivo. Ya ahí me di cuenta que el asunto tenía un alcance mayor: el trabajo colectivo era absolutamente concreto, pues la “maratón de escritura” consistía nada más y nada menos que en escribir un libro todos juntos durante esos cuatro días. No íbamos a leer ni a discutir teorías; íbamos a escribir, e íbamos a hacerlo básicamente a partir de nuestras propias experiencias, en este caso en el ámbito educativo. Además -y esto hizo de la experiencia un verdadero encuentro- trabajamos con un software que nos permitía a todos poder ver los textos que los demás escribían en tiempo real y hacerles comentarios, además de poder chatear mientras la redacción se llevaba a cabo. El programa es algo así como un documento de Word mezclado con Messenger. Entonces, todos vemos, compartimos e intercambiamos en tiempo real lo que estamos escribiendo; no un texto acabado, pensado y cerrado sobre sí mismo; sino el proceso temporal y tartamudo de escribir y de pensar, en vivo y en acto. Así, finalmente, lo que sucede en un trabajo de esta naturaleza es fundamentalmente colectivo, plural; los individuos ya solo existimos nominalmente, pues no somos más que una firma; lo que ocurre ahí, ontológicamente hablando, es el advenimiento de la multiplicidad como sujeto de enunciación y de pensamiento; en pocas palabras, el ocaso del yo.
Creo, entonces, que experiencias como esta nos permiten abrirnos para conectar(nos) con los otros y pensar desde ellos, con ellos, en ellos y para ellos. Todo lo demás, en el ámbito del pensar, es pura gratuidad.





Buen post, mi estimado. Está simpático eso de TANQ, ya nos mostrarás qué salió.
Si bien estoy de acuerdo, básicamente con todo lo dicho, diría una cosa que siempre le menciono a mis alumnos, sobre todo a aquellos que andan pensando en estudiar filosofía. Para romper con la forma tradicional de enseñanza, para “superar” esos lugares comunes que describes, para eso hace falta pasar, en cierto modo, por toda esa convencionalidad. Es un buen ejercicio para el alma, creo. Aprender a lidiar con la academia, con sus formas, con sus culpas y con sus cargas. Cuando uno pasa por eso, aprende a ser más crítico, pero con fundamento. No se crea que soy un pro-status-quo, de hecho trabajo de modo directo y formal en lograr cambios en la especialidad, como bien sabes; sin embargo, hay que tener en cuenta esto que menciono: de la nada, nada se crea. La filosofía no surge por generación espontánea y esas cosas pesadas y esquemáticas de la academia algo enseñan, incluso a criticarlas de modo severo. Fico Camino decía que ser buen filósofo supone, casi siempre, ser un buen parricida y para matar al padre primero hay que tener uno.
Totalmente de acuerdo contigo, querido chichiño. Tú que me conoces sabes bien que yo no soy un adolescente rebelde que anda por la vida con su polo de Woodstock y con su pin del “che” Guevara proclamando amor, fusil y la abolición de toda institución al son de las canciones de Silvio. Todo lo contrario, yo soy un convencido de que sin trabajo serio y riguroso sobre la tradición filosófica, no se podría pensar el presente. Sin embargo, creo que no debemos -para seguir con tu imagen- conformarnos con el padre que tenemos, ¿o sí? La metáfora de matar el padre alude, me parece, a ir más allá de él, a no simplemente repetirlo. Por “parricidio” deberíamos entender solo eso. Por ello, inclusive teniendo un padre maravilloso que cumple todas nuestra expectativas, debemos matarlo. Pero si tenemos un padre terrible, incompetente o autoritario no debemos cometer parricido, debemos, como dirían los argentinos, “darle forata”. Entonces, yo no me conformaría con la facultad que tenemos, y tampoco la vería con un “paso necesario” en mi aprendizaje. Yo creo que podemos tener una facultad muy rigurosa y eso nos significa que sea severa, dogmática, anticuada y represora.
Hay mucho para conversar. Abrazo!
Raúl.
Bacán tu comentario. De cuerdo. Revisándolo bien, hasta más de acuerdo con mi comentario que está más abajo.
Hablar con conocimiento sin alejarse del ciudadano de a pie.
Yo tengo otra mirada, desde mi pupitre como alumno. A mi parecer, un grave y serio problema del sistema educativo peruano y especificamente desde la metodologia de enseñanza, es que los colegios y universidad (no se si todas) crean o “lanzan” al mundo automatas, robots, seres repetitivos que se encargan de “paporretear” de memoria todo lo que han aprendido como “un disco rayado”. Los caminos son los mismos, las ideas tambien y de repente hasta los ejemplos, eso creo que estimula la memoria, pero no el pensamiento heuristico-creativo. Entonces, como el mismo abordaje del profesor puede ser decisivo a la hora de generar pensamientos nuevos y desafiantes. Ahora bien, el profesor tampoco debe, ni tiene que exigirte o presionarte, eso tambien surge del interior del propio alumno, como una necesidad apremiante. La conjuncion de ambos, la estimulacion y la disposicion, creo yo, terminan por ser indispensables.
Es creo hora de generar opiniones que trasciendan la propia realidad, que buscan ser “futursiticos, que traten sobretodo de ser independientes.
De acuerdo. Pero es difícil promover la emergencia de esa singularidad inmanente a cada persona, porque tenemos en el aula más de 30 alumnos; pero principalmente porque las universidades, al manejarse como empresas, subordinan el fin de la educación (la formación y cuidado del alma) a los fines del capital. Es claro que muchas de las universidades lo que buscan es acumular diner, ¿o no? Esto determina políticas educativas de homogenización productoras de modos de ser que reproduzcan los ideales, justamente, del capital. (Casi) Todos los estudiantes ven la universidad como un medio para trabajar y tener plata. Muy pocos ven en ella un espacio alucinantemente rico de re-potencialización de sus capacidades y de su libertad.
Yo sigo pensando que la tarea es micro-política. Despertar conciencias. Convertir a los estudiantes (y a los profesores) en videntes. Crear utopías.
Un abrazo, A.
Ocaso del yo = Ocaso de la multiplicidad
Hola Alex, ¿a qué te refieres con esa ecuación exactamente? ¡Yo lo pondría al revés! Tal vez puedas explicar un poco tu idea.
Saludos, Alejandro.
Creo que en principio somos individuos (yo)inevitablemente multiples, desde lo mas sencillo a lo mas complejo, creo que con cosas aparentemente insignificantes ,aun cuando parecen de vana gratuidad, devenimos otros, creo que al exisir el YO inmediatamente aparece lo multiple.
Pongo “Ocaso del yo = Ocaso de la multiplicidad” … por que simplemente el ocaso de uno de estos terminaria siendo la muerte del otro.
La cuestion creo pasa, cuando la generosidad de lo multiple es corrompida por el deseo de la propiedad.
Hola Alex, ahora sí, con tu explicación puedo decir que estamos de acuerdo. La concepción del “yo” que manejas, como siendo esencialmente múltiple, de hecho es extraña a la tradición filosófica dominante y también al sentido común. En ambos casos el “yo” siempre ha sido visto como unidad, no como multiplicidad.
Saludos, Alejandro.
Alejandro, me ha gustado tu post. Me quedo con esta frase: “Una de las principales razones es que los estudiantes -y acá me refiero a los de filosofía, que es a quienes conozco directamente- se convierten en funcionarios o monaguillos de los grandes nombres de la historia de la filosofía.” Ese es un problema no sólo en la PUCP, sino en demás escuelas de filosofía de Perú y otros países. Creo que el “respeto” exagerado por los maestros, los profesores, los cánones aceptados como parte del discurso verdadero, limita la reflexión y la creación de pensamiento. Un amigo de la especialidad me dijo cierta vez que había notado que algunos profes te hacen aprender de memoria muchos autores -Husserl dijo tal y cual cosa, Kant es así o asá- y que luego de eso, de aprender además tu buen alemán, de ser un gran repetidor, cuandos se tenga 70 años, recién entonces se está apto para ser “filósofo”. Personalmente no estoy seguro de lo que sea un filósofo, pero lo que sí he notado es que pecamos de academisismo. Cómo he dicho en otro lugar (http://la-coalicion.blogspot.com/2010/04/heidegger-y-derrida-una-mirada.html) aprender los textos “canónicos” es la conditio sine qua non para reflexiones ulteriores y, como bien señalas tú, el trabajo serio y sostenido son necesarios. El problema viene, como bien has “explicado” en tu post, en quedarnos en esas meras formas rituales y consagradas.
Respecto a ello. Es muy interesante la reflexión y análisis que hace Michel Foucault en su Lección Inaugural en el Collegè de France. Para el filósofo francés “en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad.” (Aish! Citando y demás caemos en las formas tradicionales de reflexionar, pero no es algo que nos tengamos que deshacer como un trapo viejo, incluso ese trapo puede estar guardado en el closet.) Interesante lo que dice Foucault. Él estaba obsesionado por mostrar desnudo a los sistemas de exlusión y control por medio de los discursos que se asientan en última instancia en instituciones. Como diría Nietzsche: “La búsqueda de la verdad es imposible en la universidad.” Y es así. La Universidad se ha convertido en el nido de defensa del statu quo, ha devenido lo que es: Institución. Como diría Pepe Charlie Loyola: “En la facu de filo deberían haber policías vigilando.” Deberíamos ser unos anárcos disidentes, pero pensantes. Nada de poses como las que mencionas (“pin del che”).
Los estudiantes de filosofía no deberían ser educados para ser filósofos de saco y corbata, profes, burócratas, etc. Pero tampoco sé que tan viable sea lo que propone Onfay… algo utópico, ¿no?
Matar a Dios, de eso se trata la filosofía.
Un abrazo,
Ricardo
¡Totalmente de acuerdo! Gracias por el comentario, y por la cita de Foucault. ¿De dónde es? ¿Tienes la referencia exacta?
Solo me dejas 2 dudas: primero, ¿a qué te refieres exactamente con “lo que propone Onfray”? Y, ¿cómo es eso de “matar a Dios” desde tu perspectiva creyente?
Un abrazo, A.
Alejandro;
Es en “El orden del discurso”. Te mando un ppt sobre eso a a tu mail. He hecho un resumen de ese libro.
1. El proyecto de Onfray de una Universidad para todos, como algo abierto y donde todos pueden entrar. Creo que le falta lo de “para nadie”. No puede ser tan “abierta” o tan “para todos”. A eso me refiero.
2. El Dios que hay que matar es el Dios fuerte, fundamentador, universal, totalizante, etc. en clave moderna. El Dios débil es propio del critianismo de Agustín, por ejemplo. Es algo que debemos hablar con una taza de café. Lee lo que he escrito en mi blog: La muerte de Dios es la muerte del dios burgués, del dios controlador que se revela en el sujeto fundador.
Un abrazo,
RM
Ricardo:
1. No me queda claro por qué no podría existir un espacio completamente abierto en el que todos puedan hacer filosofía. ¿A qué te refieres cuándo aludes al “para nadie” de Nietzsche?
2. Ok. Matar al Dios fuerte es un primer paso, me parece, en la recuperación de la inmanencia de la vida y en la resistencia contra la opresión de los pensamientos totales. Sin embargo, es solo eso, un primer paso. El acto radical de reapropiación de lo humano pasa por eliminar no la “entidad” Dios (ya sea fuerte o débil) sino por desterrar el “lugar” desde el cual se piensa y se valora el mundo cuando se lo hace mediatizando nuestra experiencia de él con un dios (sea fuerte o débil). Mientras no revolucionemos radicalmente las estructuras de nuestro pensamiento para eliminar de ellas la referencia a una trascendencia (cualquiera que sea), entonces el hombre siempre se mantendrá subordinado a algo más. Este es el problema clave de la existencia, pienso.
Hablemos en la semana para ver si nos juntamos el jueves por la upc, o el viernes por la pucp. Un abrazo, A.
Alejandro!
Llego tarde, como la filosofía a lo Hegel, a responderte. Disculpa pero las notificaciones no me llegaban y acabo de encontrar el problema y está resuelto.
Ahora comprendo por qué Daniel te aludía con el tema del “para nadie” y de la “muerte de Dios”.
1. Sigo en esto la interpretación de Heidegger acerca de Zarathustra, una de las tantas interpretaciones que Vattimo nos pide no hacer caso. Pero sí le hago caso al alemán en eso, sin que, claro, sea fiel a él, esto es, distorsionándolo (Verwindung). (Sí, sí, sé que hablamos de este tema de usar palabras en alemán, pero es parte de la academia pues.) Entonces, sin querer ser exhaustivo, y siguiendo en la línea de la conversación -entre las tantas que tengo con Pepe Charlie y el posmoderno que comenta abajo- pienso que el “proyecto” de una Universidad abierta onfrayana no se puede aplicar cabalmente porque, si queremos ser fieles distorsionadores de Nietzsche, “este libro es para todos y para nadie”. Onfray va bien con el “para todos”, ok. Pero en lo de “para nadie” se queda corto. Creo que exagera al pensar que es a priori malvado que haya elites en la filosofía. Aquí sí sigo al académico Víctor Samuel Rivera: uno no le va a pedir a un carnicero que te examine o te cure un resfriado –excepto que el carnicero tenga sus mañas- sino se recurre a un médico. Igual, los que hablan de filosofía –por más que me moleste admitirlo- son los “especialistas”. Así, hay filosofía para “especialistas” (¿nosotros?) y una filosofía para el resto. Como le dije a Pepe Charlie: ¿Por qué tenemos que ir a fregarle la vida a la pobre señora del mercado que lo único que quiere es vendernos sus ricas paltas para llevar un pan a su mesa? Se podría salvar a Onfray diciendo que esta Universidad Popular es con carta abierta para quien desee entrar, pero hay que estar algo mal de la cabeza para querer estudiar filosofía. Como diría Danilo (sí, sí, posmoderno, te pongo comillas, aunque no sea cita exacta): “Los filósofos son una sarta de frustrados”, así como “Derrida fue un artista frustrado” y por ello escribió lo que escribió. La Universidad Popular, aún así, no debe olvidar el carácter rígido de la filosofía. Sé que te gusta mi blog y los martillazos que ahí me mando, pero eso no sería apropiado en una tesis de licenciatura, por ejemplo (bueno, a mí tampoco me parece que alguien venga a hablar del Platón falibilista, ¿no es así Danilo?).
2. Este tema es más “fregado”. Tendrá que ser en persona. Ni yo mismo lo tengo claro. Es parte de mis problemas filosóficos existenciales de los cuales –a consejo de Pepe Charlie- podría ser “mi” tema filosófico. No lo sé. Quizá.
Jueves en la UPC. Viernes en la Cato antes de tu clase. Tú dirás. Pero mejor mándame un mensaje a mi cel o al facebook, es más sencillo. Igual si puedo te llamo hoy o mañana.
Un abrazo.
Candelo:
Estoy completamente de acuerdo contigo y completamente de acuerdo con lo que acota Raúl. Excelente post y excelente comment.
Querer al autor implica un momento de fidelidad radical para con él: se trata del momento indispensable del “comentario duplicante” como dice Derrida, de satisfacer las exigencias clásicas de la lectura: rigor, orden, amor, etc. Pero también implica un movimiento de “parricidio”, como bien dicen. El modelo ahí es el Zaratustra de Nietzsche, que no quiere discípulos. “Pésimo discípulo es el que se mantiene discípulo toda su vida.”
Ahora, ese momento de parricidio no es un momento de capricho tampoco, de pura pulsión o voluntad de poder o lo que sea. Yo creo que ese parricidio tiene que venir de un mirar a la actualidad, AL MUNDO, a lo contemporáneo, al ahora. Y carajo, es algo que no se enseña en la facultad. Hay un cisma, un abismo entre los libros y el mundo. Se olvidan de que “la filosofía solo existe si se hace cargo de la rapidez de lo contemporáneo.” (Badiou).
En ese sentido yo creo que hay dos paradigmas que ya se fueron a la mierda, aunque la PUCP no se haya dado cuenta:
1) El paradigma del buho de Minerva, de la filosofía que espera a que todo esté consumado para pronunciarse, siempre llegando necesariamente tarde. Ya fue. El mundo se mueve demasiado rápido y no se va a “consumar” en nada… la filosofía tiene que meterle el diente a su realidad contemporánea, en el ámbito que sea (estética, política, sociedad, etc., etc.) Quizás eso sería, paradójicamente, ser más fiel a Hegel, pues así podríamos asumir que no hay una distinción radical entre el conocimiento y sus objetos, que el conocimiento más objetivo constitiuye y/modifica a sus objetos (como ya lo demostraron Heisenberg para las ciencias duras y Bourdieu para las ciencias sociales).
2) El paradigma del sabio solitario, retirado en la cabaña à-la-Heidegger, pensando todo desde su propia genialidad. Esos narcisismos ya fueron. No se puede pensar nada desde la propia individualidad, por la complejidad actual de lo real y por la indispensable transdisciplinariedad para comprender esa complejidad. Thought-powerhouses, es mi idea: casas-generadoras-de-pensamiento. Talleres de lectura crítica, círculos, reuniones, intervenciones micropolíticas desde la academia. Transdiscplinariedad. Y también: recusar la arquía del genio-profesor, pero sin restarle rigor a la chamba. Retos, sin duda.
Candelo, no estaremos de acuerdo en muchas cosas (el platonismo y la paja, por ejemplo), pero en esto creo que estamos en la misma página.
(Raúl, asumo que nos veremos el jueves en esa conversa sobre la facu y la maestría para conversar sobre estas cosas y tantas otras, ¿no? Yo llego un poco tarde pero llego.)
(Fascista, no me vayas a citar por favor, como citas a Pp en tus comments. Y si lo haces, bueno, “no te comas las comillas”, jeje)
Abrazos,
Danilo.
Bien dicho Danilo. Totalmente de acuerdo en esto.
Sí, te cito, sorry. Pero una vez me dijiste “habla discípulo” que fue ontológicamente anterior al “habla fascista”. Asique, te la chantas. Debo citar a mi maestro y planear su muerte.
Sí le puse comillas a lo de Pepe Charlie. Si hablas de lo de saco y corbata, pero eso ya lo he pensado desde mucho antes, especialmente con los coloquios posmodernos con Víctor Samuel.
Tu denuncia del doble paradigma ido a la shit me parece excelente, excelente. Esa es. Creo que debo rectificarme lo que dije en el blog de Daniel. La filosofía no es profecía, pero tampoco es la resaca. O sea, sí, a veces somos Kasandra y también somos Sócrates en el gimnasio. Pero lo que nos toca es hic et nunc: Ontología de actualidad, para seguir a Foucault –y no perder esta ola que estamos haciendo con ese francés y el cuerpo, el sexo y el poder, antiyanquis y los minerales- y para seguir a Vattimo –y no ser ajenos a la palabrita que adoras: posmodernidad.
Oye, no que no te metías a los blogs, por qué nos mechamos en los blogs, que son wevadas, etc. Bueno… Por algo una mujer sabia me dijo: “Pero sí él que habla sí también está ahí metido”. Jajaja.
Ya pues, cómo es! Cuándo el círculo de lectura? Tú dirás. Micropoder pero ya. Subversión. (Pero sin tombos afuera ah).
Nos vemos.
Un abrazo,
Ricardo
Licenciado en Filosofía y fascista
PD. Son wevadas, el academicismo… son wevadas… el reino del profe de filo, eso es… como diría Onfray.
PD. Recapacita. Ya lo hice. Tú, filósofo correcto. Laos…
Ah, otra vaina. Tener en cuenta el punto 2 de lo que te pongo en el comment anterior implicaría creo un saludable regreso a Platón: construir la filosofía desde el diálogo y la comunidad de pensamiento. Sería bacán, ¿no?
Qué!!!!!!!!!! Aguanta tu carro. ¿Platón? Bueno, ¿cuál Platón?
No broder.
Correcto….
No, no. “Regresar” a Diogenes el cínico. Conversar, dialogar, en los parques, en los depas, en las plazas, en los jardines, en el glotons, etc. Leer juntos “como hermanos, miembros de ninguna iglesia” (8). Creo que esa es una “mejor” comunidad de pensamiento que la “Academia” (que feo nombre en verdad) platónica. Los diálogos eran para el resto, los que no sabían mucho, y la Academia para los “expertos”. Yo creo que sí, chévere con los que tenemos el título y queremos ser “especialistas”, pero no regresar a Platón. No regresar a nada quizá. Inspirarnos sí. No en Platón pues. En los cínicos, en los hedonistas, en los linbertinos. Algo así. (Ese Onfray me ha hecho daño, ayúdame. Todo por culpa de Alejandro, jajaja.)
Construir filosofía desde abajo. Y sí, entiendo a lo que vas. Sería bacán. ¿O no, Alejandro?
Ahora sí, me voy, sino no veré el partido de Argentina!!!!!!!!!!!!
querido pichín,
recuerdo con nostalgia la mesa redonda de mariel y a cada uno de los otros participantes-jóvenes-trulos: rikard, gas, lucitrónica, sebastián.
ahora bien, creo que tal vez el libro no era el centro sino más bien un pretexto. y que tal vez no se produjo otra cosa que nuevos motivos/deseos/ilusiones que nutrieron y siguen nutriendo vidas e ideas.
quiero ver un flujo entre esa experiencia, aquella de la que das cuenta en el post, esta respuesta y -probablemente- futuras conversaciones virtuales y presenciales. y esto no es solo académico sino también humano.
entonces voto por la amalgama y la suma de vectores. por la flecha que es lanzada, recibida y luego redirigida. voto por la continuidad, el colectivo y por el cariño que hizo posible ese encuentro y que posibilitará otros más adelante
un abrazo y nuevamente felicitaciones por las notas que cuelgas en el blog.
j
he releido mi comentario. ahora no se si olvidé a bombis o recordé de más a lucitrónica o las dos cosas… en fin… como diría el chapulín colorado… la idea es esa…
Querido pipis, qué bellos momentos, ¿no? Lástima que el tiempo nos impida repetirlos… aunque tampoco es imposible, ¿verdad? es cuestión de ganas, y de lograr enfocarnos en lo “realmente” importante, si es que existe algo así.
Conversemos para vernos pronto, antes de mi viaje mínimo! Abrazo, A.
PD. bombis era fija en el grupo… lucitrónica, mmm
Hola Alejandro, me quede pensando en tu post y de el en otras cosas.Primero , pienso que de alguna manera siempre estamos conectados con otros siendo otros , incluso aquellos a los que llamas monaguillos ¿no estan pensando desde otros?,¿por que defender la idea de otro ,termina convirtiendome en ello? si hoy eso me sienta bien, por que no defenderla y disfrutarla,creo que esta insistencia en crear ideas nuevas todo el tiempo es tambien una forma de trascendentalismo. en todo caso la cuestion en mi opinion va mas alla de a quien defiendo, de hecho yo pensaria hoy en dia que bueno que defiendes a alguien ,por que ese es tan solo el punto de partida, tal vez una forma primaria de pensar desde otro,igual creo que aunque defendamos mucho una forma de pensar ,nadie termina viviendo totalmente como ella,por que simplemente los momentos son otros ,el entorno es otor ,etc.Yo diria que esa escaces de tiempo de intercambio pasa mas pro que vivimos en la era de LA DICTADURA DEL TIEMPO, se tiene que ser y hacer en un tiempo determidado para SER ALGUIEN que HACE ALGO. EL tiempo se ha convertido en una especie de varita mas con la que te clasifican , asi , si terminas la universidad o el colegio antes de los 22 ERES un emprendedor, si terminas a los 30 ERES un dejado o algo parecido, si quieres tomarte un tiempo para PENSAR que quieres ESTAS perdiendo el tiempo etc.Por lo tanto , cuantos se pueden poner a PENSAR ,si vivimos en una constante carrera cronometrada por SER ALGUIEN .lo que hoy , me pregunto es si esa frase deleuzeana “no deseamos algo deseamos desear” aun es vigente? , es decir estamos deseando? o estamos autimatizados en ser alguien ?
Creo que el mundo vive una dictaura en la cual no hay lugar para aquellos que no quieren ser alguien que hace algo .
Por ultimo creo que a diferencia de lo que dices ,que el mundo nunca se repite,creo que cada detalle desde una conversacion aparentemente insignificante ,hasta escuchar el sonido de los autos de la calle en que vivimos ,siempre distinta , nos hace devenir otro,por que creo que el devenir otro no siempre se da desde aquello que activa el pensamiento , tambien pasa por lo que activa nuestras sensaciones que no siempre se piensan…. bueno podria pasarme horas pensando y escribiendo sobre el asunto …. Me gusto mucho este post ,motivador, has activado mi pensamiento ¡¡¡ jajaj
Saludos,Alex
[...] Finalmente, en nuestro medio, Alejandro León escribió un post también en torno a dicho asunto (¡Autistas del mundo, uníos! El encierro de la filosofía académica y la liberación por el pensam…). Dado que la reflexión sobre lo que es la filosofía, así como su quehacer, campo y tareas, es [...]
Estimado señor;
Nunca antes había visto tu blog, hasta hoy que leí un post de Erich Luna que enlaza con este post. Creo que ha sido una experiencia interesante. Procedo de una época que me dificulta manejar los blogs y “viajar” con ellos. Además tecleo pésimamente, por lo que no logro ser exhaustivo.
Sólo me atrevo a dos observaciones:
1. Comparto tu insatisfacción con lo que entiendo son las formas institucionales de la actividad filosófica, así como su diseño por logros (tesis, artículos, clases, simposios, etc.). Pero eres muy pesimista. Cito a Raúl Zegarra: “La filosofía no surge por generación espontánea y esas cosas pesadas y esquemáticas de la academia algo enseñan, incluso a criticarlas de modo severo”. Las formas institucionales de la filosofía son un producto de la actividad filosófica misma, son la filosofía convertida en actividad social y, justamente por ello, debemos contar con ellas. Son nuestra naturaleza en el sentido del “entorno” del que no podemos prescindir.
Eso sí, podemos mejorarlas: pero también será en términos del esquema general: logros, simposios, etc. No se me escapa que te orientas en otro sentido pero, ¿no será esta marcha en otro sentido, una innovación de los logros, simposios, etc.? ¿Qué nos permite esperar que sea algo diferente, no institucional, algo más “nuevo” que todo lo ensayado antes de que la filosofía sea lo que es ahora?
Un abrazo.
Mi estimado Samuel;
Ok. Las instituciones son, digamos en tu jerga, el ámbito donde se desarrolla la filosofía y ella misma lo ha generado. Ok. Pero ¿por qué ajustarnos a un tipo de institución no emancipadora? No me quejo de las universidades. De la PUCP, sigo plenamente a Danilo, crítica que yo sé que puedes tranquilamente compartir. Te veo muy correcto para ser el autor de un texto acerca de la filosofía incorrecta de Vattimo. (Se me ha pegado es palabra: correcto.)
Creo que es posible pensar de manera diversa las instituciones. Un conservador como MacIntyre lo hace en “Tres versiones rivales”. Onfray es algo exagerado en este punto, me parece. Pero porque las formas institucionales sean un producto del “quehacer” de la filosofía, no siginifica sólo mejorarlas, sino también -si fuera el caso- destruirlas y hacer nuevas. Dejar el reino del profe de filo pero destruir su hegemonía. Son necesarios para que expliquen textos como la “Crítica del Juicio”, citando a Danilo en palabras más “correctas”, pero se hace menester que haya filósofos y no eruditos, sabios y no técnicos. No es sólo mejorar, pues, Samuel. Y bueno, como diría Raúl, “algo enseñan”. Sí, pues algo. Mínimo. Pero es ir más allá…
Un abrazo,
Ricardo.
… Olvidaba mi segunda observación:
Escribes:
“En sentido estricto, no nos poníamos en juego a nosotros mismos, no hacíamos una experiencia directa, inmediata, del otro, no activábamos nuestro pensamiento a partir del encuentro con el pensamiento del otro, sino siempre a través de, y gracias a, el libro. Por ello, bajo estas condiciones, no se asiste a una verdadera creación de lo nuevo”… etc. haciendo alusión a experiencias de intercambio filosófico que (debo decir) encuentro muy parecidas a otras que yo he hecho y me han sido muy fructíferas. Te pregunto: ¿no nos ponemos en juego nosotros mismos en espacios como este blog? Aquí no requerimos una nota. Aquí no tenemos que agradar a nadie, ni solicitar un puesto o lograr algo estrictamente “institucional”. Aquí simplemente la pasamos bien. Tal vez algunos más apegados a los clásicos; otros a sus profesores; otros a las reglas de la academia, pero no hay otro mecanismo de control aquí que nuestra propia satisfacción y nuestra propia esfera de sentido que se abre en colaboración con los demás, que nos ubican además fortuitamente, como a mí en este caso. Esto, ¿no nos hace esencialmente unos articuladores de lenguaje? Y esto, finalmente, ¿no nos hace unos filósofos no institucionales?
Bueno. Ahora me espera mi lectura del sábado por la tarde, institucional, académica y, francamente, maravillosa.
VSR
Samuel, te pones bien “filin” cuando hablas de lo “académico”. Pero, ¿qué es eso de la academia? Te hago la misma pregunta que le hice a Daniel. Eso sí estoy en la calle, ese lugar donde el autor de “Tras el conseso” nos insta a filosofar.
Saludos.
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Hola Alejandro
Me gustó bastante tu posts. Junto con un par más escribí varios posts sobre el asunto.
http://erichluna.wordpress.com/2010/06/14/manifiesto-por-el-fin-de-filosofia-y-la-interdisciplinariedad/
Si puedes revísa los posts y dame tus impresiones.
Muchos saludos,
Daniel
Gracias master. Ya les he dado una mirada, los leeré con calma cuando tenga un tiempito, pues ahora me estoy yendo de viaje en 2 semanas a la china y con el fin de ciclo ando a mil… no tengo tiempo ni para escribir!!!
Abrazo, A.