I. Del arte pop a la filosofía pop


Marcel Duchamp, Fountain¿Por qué un urinario no puede ser objeto de la reflexión filosófica? ¿Tiene acaso un objeto supuestamente trivial e insignificante la posibilidad de poner en movimiento a una disciplina tan noble y distinguida como la filosofía? Platón nos enseñó claramente que el pensamiento filosófico debe alejarse cuanto pueda de la materialidad de la existencia, de la imperfección de lo sensible, de la seducción de la carne; su objeto, aquello en que se reconoce y en que refleja su pureza debe ser de carácter elevado, ideal. Por ello, determinó que la filosofía nacía como búsqueda de la Idea, nunca de la Cosa. Como bien sabemos -y la historia misma de la filosofía es la mayor prueba de esto- esta orientación del pensamiento planteada por el divino Platón se estableció como el modo natural en que se debía ejercer si se quería pensar rectamente, esto es, filosofar, y no simplemente juguetear con el lenguaje, discurseando en torno a imágenes o sombras pasajeras que se deshacían tan rápido como caía el sol.

Desde ese entonces, la Cosa no tuvo nada más que decirle al filósofo. El urinario, aun menos. Es obvia la referencia al readymade de Duchamp que revolucionó el quehacer y la teoría artística en la década de 1920. ¿Qué podría decir Platón del urinario de Duchamp? Es muy probable que no mucho. Recordemos al Sócrates del Sofista poniendo en duda la existencia de Ideas que representasen cosas tan bajas y degradadas como pelos, uñas… y, por qué no, podríamos agregar, urinarios. La obra de Duchamp tuvo un gran impacto porque apuntaba a cuestionar una forma de entender el trabajo artístico que podríamos calificar de platónica: hay una forma particular de hacer arte, gracias a la cual podemos afirmar que hay producciones que son claramente artísticas (bellas) y otras que no lo son. Esta clase de distinción se realiza fundamentalmente gracias a la existencia de determinados criterios de demarcación; en el caso de Platón, las Ideas. La crítica de Duchamp puso sobre el tapete la cuestión acerca de la definición de la obra de arte, llevó hasta su límite propio a la misma disciplina haciendo que tome consciencia de la imposibilidad de continuar ejerciéndose ingenua y dogmáticamente. De alguna manera, el urinario expresó la necesidad del arte de mirarse a sí mismo y definirse, pero para lo cual tuvo que también mirar hacia el exterior, hacia su afuera, hacia lo que no era arte. Duchamp introdujo en el dominio hasta ese entonces bien resguardado del arte clásico lo que simplemente no calzaba bajo ningún criterio artístico: lo más degradado y alejado de la Idea, un pedazo de lo real, la Cosa, el urinario[1].

Después del acto transgresor (traspaso de límites naturales) y perverso (desviación de fines esenciales) de Duchamp no se podía volver hacia atrás. Tratar de hacerlo hubiera equivalido a negar una toma de conciencia histórica; solo un autoengaño lo hubiera permitido. El camino que debía recorrer el arte de ahí en adelante quedó trazado. La creación artística entró en un acelerado proceso de conexión y apropiación de lo que hasta ese momento le había sido negado por no adecuarse a los criterios establecidos; esto significa que empezó a redefinirse en función de todo lo que no era arte. De esta inspiración nacerá posteriormente el arte pop de Andy Warhol y con él la introducción de la inmensa masa de producciones de la cultura popular se convirtió en parte fundamental de la creación artística[2].

Estoy convencido de que la revolución que se ha dado en el arte a lo largo del siglo XX ha sido absolutamente positiva, pues le permitió al arte clásico rebasarse a sí mismo y entrar en contacto por primera vez con aquello que finalmente siempre fue su condición de posibilidad: la experiencia pura, no cualificada artísticamente; la vida misma, lo cotidiano. Así, pues, inspirado por esta transformación, en las siguientes páginas trataré trazar un esquema de lo que podríamos calificar como “filosofía pop”[3].


[1] Será Duchamp, piensa Onfray, el que en el campo de la estética genere una revolución radical contra el platonismo/cristianismo: el urinario mata la idea de lo Bello y devolvió el arte a la inmanencia (cf. Onfray, Michel, La potencia de existir. Manifiesto hedonista, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2007, p. 95).

[2] No está de más mencionar que ya en siglo XIX la “estética anarquista” dio un paso importante hacia la reconexión del arte con el pueblo al liberar a la creación artística del corsé que la sometía a la obra producida -destinada al mercado como producto- y al museo como espacio propio -templo o santuario del verdadero arte- (véase, por ejemplo, las ideas de autores como Kropotkin, Bakunin o Tolstoi). El énfasis en la experimentación y en el carácter revolucionario del arte contribuyeron con ello. Por otro lado, ya en los años 60’s la aparición de la “Internacional Situacionista” colaboró aún más en conducir el arte hacia lo vida cotidiana (piénsese, por ejemplo, en las propuestas de Guy Debord). Podríamos llamar a la filosofía po también “filosofía situacionista”.

[3] Vale la pena aclarar que el arte pop no está, en sus fundamentos, vinculado a una manera superficial y plástica de comprender la creación artística (que es propia del uso común del término “pop”, sobre todo en cierto sector masivo y juvenil de la cultura norteamericana). Por su parte, la filosofía pop tampoco debe ser entendida desde esta perspectiva trivial. Teniendo esto en cuenta tal vez nuestro mayor reto sea mostrar que la filosofía pop es tan o más rigurosa que cualquier otra forma de filosofía lo ha sido en el pasado.

 Andy Warhol, Campbells Soup

3 pensamientos sobre “I. Del arte pop a la filosofía pop”

  1. ANAHI dijo:

    Hola de nuevo, el arte nace con la humanidad, o más bien con
    algunos humanos aunque habemos personas (me considero una de ellas) que no somos creativas al menos en el sentido pop. Yo creo que estamos parados sobre milenios de desarrollo humano, que de ninguna manera nadie encuentra el hilo negro todo es pura re-creación. Las recreaciones tienen su vigencia cuando al menos una persona se ha regodeado con su existencia, en ese sentido todo es arte y paradójicamente al ser todo arte se
    vuelve absolutamente vacio y superfluo. Sin embargo entiendo que es nuestra naturaleza humana detenernos, aunque sea sólo por algunos objetos y por algunos momentos, a mirar y sentir.

    • Alejandro León Cannock dijo:

      Hola Anahí, una cuestión me deja pensando luego de leer tu comentario. Si todo es re-creación, ¿qué posibilidades nos quedan de imaginar un futuro completamente otro? Es decir, ¿acaso no estamos legitimado a soñar con una transformación radical que redefina nuestro modo de ser en el mundo, nuestra manera de hacer política? Como ves, estoy juntando el arte y la política a través de la idea de la “creación”. Y lo hago proque creo que solo podemos pensar realmente la diferencia en el provenir si asumimos que el hombre es capaza de crear lo nuevo. Desde esta perspectiva el arte aparece, entonces, como un elemento clave en nuestro quehacer ético-político-pedagógico en el mundo.

      Saludos, Alejandro.

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