Séptima entrega. Medio de expresión de la filosofía pop: Creación de conceptos dramatizados


Para finalizar mi propuesta me gustaría, en forma programática, exponer algunas ideas sobre cómo hacer efectiva la filosofía pop. Para ello, es necesario determinar tres elementos: en primer lugar, cuáles son los medios a través de los cuales el pensamiento nómada se debe ejercer; luego, en consonancia con los medios, proponer un único requisito para su realización; finalmente, identificar el público hacia el que va dirigido.

Si hay algo de lo que la filosofía ha sido siempre dueña, eso es el concepto. El supuesto nacimiento de la filosofía en Grecia, se dio cuando el pensamiento empezó a ocuparse de conceptos y ya no de símbolos o figuras. Un filósofo, como bien lo dice Deleuze, es una persona que se dedica a crear conceptos. Por ello, en el último libro que publicó junto a Félix Guattari, ¿Qué es la filosofía?, texto de madurez que solo pudo ser redactado una vez que las cosas habían sido meditadas en profundidad, Deleuze afirma enfáticamente, pero con mucha tranquilidad, que la filosofía es el arte de inventar o fabricar conceptos. Conceptos que tendrían la finalidad de ofrecernos nuevas maneras de ver y de pensar el mundo. Simplemente eso. Sin embargo, es cierto que Deleuze sostuvo que el concepto, para no ser puramente abstracto, debe ir acompañado de un plano de inmanencia y de un personaje conceptual. El primero es el diagrama que orienta al concepto, es decir, es el conjunto de coordenadas que le dicen cómo funcionar: por ejemplo, el plano de inmanencia del pensamiento en el platonismo y en el cristianismo propone una cierta orientación ascendente, ideal, para la cual deben funcionar los conceptos; orientación que, en la Modernidad, debido al giro hacia la subjetividad, cambia completamente. Pensemos en la Idea platónica y en la idea cartesiana. El personaje conceptual, por su parte, es el que hace efectivo el funcionamiento del concepto, el que lo concretiza. Ejemplos abundan: Sócrates, para empezar, materializa conceptos como individuo, racionalidad, etc.; Jesús, hace lo propio como amor, caridad, etc. En Nietzsche podemos encontrar gran cantidad de personajes conceptuales: Zaratustra, el insensato, el bufón, el súper-hombre, etc. Tanto el plano de inmanencia como el personaje conceptual tienen la función de hacer de los conceptos algo concreto, es decir, de ponerlos en conexión directa con experiencias del mundo, con zonas de lo real.

 

Reforzando el punto anterior, en un texto temprano titulado “El método de dramatización”, publicado posteriormente en La isla desierta, Deleuze sin hacer referencia aún al plano de inmanencia ni a los personajes conceptuales, decía que el concepto concreto era aquel que estaba dramatizado, es decir, aquel que surgía a partir de la determinación de un conjunto de coordenadas específicas del mundo. De acá que el concepto no surgiera como respuesta a la pregunta esencialista “¿qué es?” propuesta por Sócrates y que ha sido el modelo de pregunta filosófica, sino, en otra dirección, de la pregunta pluralista o contextualista de los sofistas: “¿quién, cómo, dónde, cuándo, para qué, de qué manera, etc.?”.

Teniendo en cuenta esta necesidad, la filosofía pop propone como medio de expresión a los conceptos dramatizados. Esto significa que el pensamiento debe crear conceptos a la medida de cada situación específica, a la medida de cada elemento u objeto que se analice, a la medida de cada acontecimiento del que se quier dar cuenta. Por ello, el pensamiento nómada nunca será tributario de la adoración al Concepto universal y abstracto, esto es, de la contemplación, reflexión o conversación sobre conceptos dados, si no más bien estará liberado a una alocada creación de conceptos, para tomar la frase con que Deleuze califica la filosofía de Leibniz. Un claro ejemplo de esta creación singular es el trabajo del mismo Deleuze en sus dos obras sobre cine, donde criticando las aproximaciones psicoanalíticas y fenomenológicas al cine por someterlo a marcos conceptuales impuestos desde el exterior, ajenos al cine, Deleuze propone crear conceptos inmanentes, es decir, conceptos que den cuenta de los films que se están analizando. Pero también es posible encontrar conceptos dramatizados en obras ajenas a la filosofía, en productos de la cultura popular: literatura, artes plásticas, cine, etc. ¿No plantea, por ejemplo, la obra literaria de Alberto Moravia una reflexión de gran profundidad sobre los sentimientos fundamentales que aquejan la existencia humana: tedio, aburrimiento, desprecio, etc.? ¿No es el cine de Kubrick la puesta en escena de un pensamiento sobre lo inhumano en el hombre? ¿No es la poesía de Artaud una crítica directa al Poder? ¿No es la pintura de Bacon un modo de pensar al hombre más allá de la subjetividad? ¿No es lo que encontramos en estos ejemplos pensamiento filosófico? Sin duda, pero no creado bajo la forma de la interioridad de la filosofía, sino desde la potencia de la inmanencia de su afuera relativo. El caso de Zizek, mencionado anteriormente es paradigmático en este sentido: ¿qué tienen que ver Michael Jackson o un wáter con el pensamiento filosófico? Hay que leer a Zizek para descubrirlo.

 

Ahora bien, una vez que hemos determinado el medio de expresión de la filosofía pop, es necesario remarcar un punto fundamental de nuestra propuesta. La filosofía pop solamente pide un requisito, una única condición necesaria: crear conceptos. Convencidos de que los conceptos no es eternos ni universales, sino más bien, por el contrario, temporales y singulares, es decir, como hemos señalado, dramatizados, entonces el pensamiento nómada o paradójico debe necesaria y constantemente lanzarse a la tarea de crear conceptos a la medida de cada situación u objeto que se analiza. Sin duda podemos tomar un concepto prestado, por ejemplo del psicoanálisis, para analizar una película, pero este modo de acercarse a un evento particular, en este caso un film, lo somete a una conceptualización externa que no está construida para captar todos sus matices. Mejor entonces, siguiendo a Bergson, inventemos conceptos a la medida de aquello que queremos pensar. Será en ese acto de creación donde nuestro pensamiento desplegará su mayor potencia, será en ese instante que se verá forzado por la cosa misma a dar a luz a una nueva forma de pensar; a algo impensable hasta ese preciso momento en que el evento solicitó del pensamiento que pusiera en acción todas sus fuerzas para pensarlo. Los conceptos importados solo mantienen al pensamiento inactivo y someten lo que se quiere pensar a la tiranía de un discurso que no le corresponde y que solo por autoridad se busca imponer. Liberémonos entonces del diccionario de conceptos legados por la tradición y empecemos a fabricar, desde nuestra propia actualidad y en función de nuestras propias necesidades, los conceptos necesarios para repensar nuestro propio mundo.

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