VI. Pensamiento débil y filosofía conversacional


Quiero ahora dialogar brevemente con dos formas de hacer filosofía muy celebradas en la actualidad y que, de alguna manera, comparten parte del espíritu de la filosofía pop. Por un lado, el pensamiento débil desarrollado en Italia por Gianni Vattimo y, por el otro, la filosofía conversacional propuesta por Richard Rorty. Lo primero que hay que rescatar positivamente de ambos proyectos es que buscan distanciarse de las versiones metafísicas, fuertes, totalitarias, epistémicas de la filosofía. Esto significa que comparten con la filosofía pop la intención de llevar la filosofía fuera de las coordenadas de su forma de interioridad. Como señalábamos al inicio de nuestro ensayo, esto no es más que la expresión de un movimiento epocal del que tal vez haya sido Nietzsche el primero en ponernos al tanto. Se habla entonces de época post-metafísica, de post-modernidad, etc. Más allá de la etiqueta, lo significativo es la convicción de que la filosofía debe nacer y terminar en la tierra, y debe estar a favor de la vida.

No obstante, pienso que ambos proyectos fallan en puntos fundamentales. Podríamos decir que uno falla por exceso y el otro por defecto. El pensamiento débil si bien se despliega a partir de Nietzsche y Heidegger y propone con ello un pensamiento que vaya más allá -o más acá- de la pretensión metafísica de fundar absolutamente y de las categorías sobre la que la filosofía clásica se ha construido, a pesar de ello mantiene un lenguaje demasiado metafísico, exageradamente fenomenológico. Ya Nietzsche había señalado que nuestro lenguaje es metafísico, que Dios está en la gramática. Onfray, en una dirección semejante, sostiene que nuestro cuerpo y nuestro pensamiento están formateados por el cristianismo -platonismo o metafísica para el pueblo-; tomando en cuenta estas indicaciones, todo pensamiento que pretenda separarse de la interioridad de la filosofía debe buscar nuevos medios de expresión. El pensamiento débil, desgraciadamente, no lo hace. Sigue recurriendo a la hermenéutica textual, a la interpretación de la tradición… a la Historia Oficial de la Filosofía. Esta tendencia le impide romper consigo misma y dirigirse hacia su afuera para pensar de otra manera. Sin nuevos medios de expresión, sin un nuevo lenguaje, sin nueva terminología, sin creación conceptual, difícilmente podremos ahuyentar a los fantasmas de la metafísica.

Por otro lado, la versión conversacional de la filosofía propuesta por Rorty parece haber pecado por exceso. En su afán de distinguirse de la filosofía clásica y su interioridad fuerte y metafísica, Rorty prácticamente ha proclamado la “muerte” de la filosofía y nos ha animado a convertir la filosofía de ayer en la “conversación de la humanidad” de hoy. Dos problema encuentro en esta propuesta: en primer lugar, Rorty al abandonar la filosofía mantiene la clásica dualidad: doxa o episteme; sentido común o filosofía clásica. Ya que no quiere recaer en el totalitarismo de esta última parece ser entonces que se inclina por el primero. Y es este el segundo problema con su propuesta. Apostar por una “conversación planetaria” presupone justamente un enorme sentido común, un fondo compartido sobre el que todos los seres humanos podamos conversar plácidamente sobre cuestiones que nos atañen a todos. Este gusto por la conversación y el consenso es una forma solapada de conservadurismo, una manera políticamente correcta de mantener las cosas como están, de promover cierto sentido común como la norma, lo normal y lo moral. Hay en Rorty cierta nostalgia por los ideales -ya no metafísicos, pero sí consensuados- que da a luz a una nueva alianza con el sentido común. El miedo al disenso es el temor a sincerar la naturaleza humana, justamente el rechazo a eso popular que puede emerger intempestivamente y desorganizar nuestra amable conversación planetaria.

El pensamiento débil se queda corto y la filosofía conversacional se excede. La filosofía pop busca lograr aquello que ambas propuestas no han logrado: dejar atrás la interioridad de la filosofía pero sin que ello implique una alianza con el sentido común. Ni doxa ni episteme, la filosofía pop reivindica toda la potencia de un pensamiento paradójico y nómada que es, al mismo tiempo, absolutamente riguroso y libre.

4 pensamientos sobre “VI. Pensamiento débil y filosofía conversacional”

  1. Juan dijo:

    Fumon

  2. Juan dijo:

    Es una descripcion de lo que piensas

  3. Alejandro. Sobre Vattimo, no lo defenderé (de hecho, no defiendo a nadie), pero te digo que el pensamiento débil es sólo un rótulo progandístico del mismo Gianni. Él toma ese término por una cuestión del editor del libro del mismo nombre. Es cierto lo que dices, por otro lado, sobre seguir con el lenguaje de la metafísica lo que nos permitiría salir de ella. ¿Pero eso no sería acaso cree en un lenguaje mejor, más verdadero, más adecuado con la realidad que no es el de la metafísica? Si eso es así, entonces es una metafísica más. ¿De qué manera podemos salir de la metafísica sin proponer una más? No creo que deba ser como Derrida y Rorty: dejar de hablar del ser porque la metafísica es un error. De nuevo: ¿error en vistas a algo más fundamental? Creo que lo que se trata, o de lo que se trataría, es distorsionar la metafísica, usar su lenguaje (hermenéutica) pero dándole una total nueva forma de ser. Eso creo que a Vattimo le falta, pero esa es su idea (no efectuada). Quizá Agamben haya podido hacer esa distorsión de la metafísica con su genealogías. (Lo de Rorty, “completamente” de acuerdo.)

    Hablamos.

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