III. Segundo principio de la filosofía pop: afuera


Estas últimas cuestiones me llevan al segundo principio de la filosofía pop: la conexión con el afuera. He afirmado que todo lo que es y todo lo que puede ser pensado con sentido son los agenciamiento: estos constituyen la unidad mínima significante. La filosofía, al igual que el arte, es una agenciamiento particular que está expresado en su propia historia. Ya lo decía Hegel, conocer la Historia de la Filosofía es conocer la filosofía. Aquella, escrita en los libros, es lo que he llamado la forma de interioridad de la filosofía: lo que es la filosofía. Supuestamente, lo que no está expresado en esa historia ni escrito en esos libros no pertenece al agenciamiento de la filosofía, no es filosófico. Ahora bien, aquí es donde nos acercamos al punto de inflexión de la misma filosofía. Al igual que sucedió con el arte conceptual de Duchamp, en la filosofía ha llegado el momento en el que su forma de interioridad no se puede sostener más a sí misma en su pureza y distinción. El momento histórico en el que nos toca vivir está conduciendo a la filosofía cada vez más a que tome conciencia, como lo hizo el arte en su momento, de que sus límites o fronteras están quedando hundidas en un mar del que solo se puede salir si es que se renuncia a la pretensión metafísica de distinguir una interioridad filosófica de una exterioridad no-filosófica. Llegado este punto, la filosofía debería reconocer que el principio de agenciamiento rige la existencia en su conjunto y que ella misma es la expresión de determinados agenciamientos que no son ni naturales, ni eternos, ni a prioris, ni necesarios, es decir, que son tan contingentes como un puñado de experiencia pura. Alcanzar este reconocimiento será la forma en que la filosofía se desbordará a sí misma entrando en conexión con su afuera. Esto permitirá la proliferación indefinida de conexiones con elementos heterogéneos que originariamente no formaban parte de la filosofía y que, en lugar de denigrarla como muchos suelen pensar, van a conectarla con la experiencia real ofreciéndole muchas más posibilidades para pensar el mundo.

Michel Foucault, El pensamiento del afueraAhora bien, es posible aproximarse a la idea de “afuera” desde dos puntos de vista, vinculados entre sí, pero que no se confunden: el afuera absoluto y el afuera relativo. Toda disciplina, ciencia, arte, técnica, etc., en general, todo saber organizado en torno a ciertos principios, criterios, límites, fundamentos, se cierra sobre sí mismo en lo que líneas arriba he llamado la “forma de interioridad”. Con ello especializamos el saber y ordenamos, parcelamos y controlamos el mundo. La Modernidad sin duda fue el momento histórico que más avanzó en este sentido. Ahora bien, siempre que algo se cierra sobre sí generando una interioridad, al mismo tiempo produce fuera de sí una forma de exterioridad, o un afuera. Lo interior es homogéneo, lo exterior heterogéneo. Esta exterioridad heterogénea es el afuera relativo. En pocas palabras y pensando en la filosofía como ejemplo, todo lo que no calza en la Historia de la Filosofía, todo lo que la Historiografía Oficial o la Academia no consideran como parte de sí es lo que podemos llamar el afuera relativo de la filosofía. Para empezar, volviendo a un momento fundacional de la filosofía occidental, el mito es su afuera relativo más próximo, tan próximo que debe esforzarse por distinguirse de él lo más posible: ya Platón y su Sócrates lo decían enérgicamente en La república, los poetas deben ser expulsados de la polis pues materializan el horror filosófico, la Cosa. En el caso del arte, fue el urinario de Duchamp lo que hizo estallar su forma de interioridad. De ahí en adelante miles de orificios agujerearon el territorio artístico liberando flujos y conectando la creación artística con todo aquello que podría servirle para potenciarse al máximo. Ahora vemos que el arte es esencialmente indefinido: trabaja con cualquier tipo de soporte, material o inmaterial, con todos los sentidos y con los medios de expresión que estén a su disposición: video, instalación, graffiti, serigrafía, grabado, pintura… y un larguísimo etcétera. Es más, se podría decir que cualquier cosa puede ser arte; basta para ello ver a los artistas que trabajan con deshechos. Y este es un caso fundamental: lo que ha perdido su forma, su función, su utilidad, su rol, su espacio apropiado en la sociedad, el deshecho o la basura -y esto nos recuerda una vez más las uñas y los pelos de Sócrates-, se convierte en materia pura para la creación. Nos liberamos así de la sumisión a la Forma de Interioridad del Arte (Trascendente) reivindicando al mismo tiempo toda la Potencia del Afuera del Arte (Inmanencia).

Así, pues, cada forma de interioridad se esfuerza por demarcar claramente sus límites: no se debe confundir el arte con la filosofía, ni la filosofía con la ciencia y aún menos con la religión, etc. Sin embargo, el diálogo, la mezcla y la interferencia entre disciplinas siempre ha existido, para bien o para mal. Algunas han pretendido someter a otras o adjudicarse tareas más importantes: la filosofía determinando a la política en Platón, la teología esclavizando a la filosofía en el mundo medieval, las neurociencias intentando someter a la filosofía en la actualidad, etc. No obstante, lo que todas las formas de interioridad comparten, sobre todo cuando se conciben a sí mismas como saberes superiores, es la distinción o el rechazo abierto a la cultura popular: el arte bello está en los museos, no en el folklore de las calles; la verdadera religiosidad está en la Iglesia, no en el fervor popular; la buena filosofía está en las aulas universitaria, no en el café; el verdadero conocimiento es el de la ciencia occidental, no el de los saberes no occidentales (chamanes, gurús, etc.). La cultura popular expresaría entonces de la forma más adecuada la idea de “afuera relativo”; es siempre, casi por definición, algo exterior, marginal, outsider… y, gracias a ello, subversivo, contestatario, libertario, crítico, reformador, innovador. La cultura popular expresa, en este sentido, la inmanencia bruta desde la que brotan todas las organizaciones sistemáticas posteriores. ¿Podría haber filosofía sin caverna? ¿Religión sin pueblo? ¿Arte sin sentimientos? ¿Ciencia sin necesidades? La caverna, el pueblo, los sentimientos, las necesidades, es ese el lugar de lo popular. Y es este, paradójicamente, el lugar del que -utilizando los más enrevesados argumentos y las más cínicas estrategias- los saberes han buscado eludirse. ¿Con qué finalidad? Respuesta simple, pero no por ello menos brutal: separarse de lo popular en una dirección obviamente celeste, le otorga a quienes lo hacen poder para controlar a los demás; para juzgar la vida, diría Nietzsche.

Foucault, pensador del afuera

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2 pensamientos sobre “III. Segundo principio de la filosofía pop: afuera”

  1. Dadani dijo:

    me ha gustado.
    considero que la apertura hacía lo otro es fundamental para la conexión del pensamiento humano, si no hubiese esta interrelación no se podría comprender, aceptar o rechazar tal o cual acto, hecho social-histórico que acontece en nuestra cotidianidad, en definitiva en el mundo.

  2. Mariana dijo:

    hola, llegue a este blog por casualidad, resulta que estoy leyendo “el pensamiento del afuera” pero no me termina por quedar claro que es el afuera de Foucault; ¿se refiere a un afuera relativo?

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