Etiquetas

, , , , , ,


“Goza y haz gozar, sin hacer daño a nadie ni a ti mismo: esa es la moral” (imperativo hedonista de Chamfort, citado por Michel Onfray en La potencia de existir. Manifiesto hedonista, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2007, p. 76)

 

Todos los miércoles por la tarde, justo antes de entrar a mi clase de ética en la universidad, me encuentro, fuera de la sala de profesores, con un amigo. Nos saludamos rápidamente, pues él sale de dictar y yo entro a hacer lo propio. Siempre la misma escena, el encuentro se repite. No tiene, en principio, nada de sorprendente. Sin embargo, luego de que nos saludamos, cuando yo me alejo dándole la espalda, mientras subo las escaleras hacia el segundo piso, él exclama: “¡A predicar el hedonismo!”. No sé exactamente por qué lo dice. No logro descifrar la intención en su voz. Pero lo acepto devolviéndole media sonrisa. Sé que hay cierta complicidad transgresora en la situación. Me gusta, aunque me inquieta al mismo tiempo. ¿De dónde procede la ambigüedad de mi sentimiento? Seguro de la misma palabra, ¿es bueno o malo ser hedonista? ¿Tiene sentido plantear esta disyuntiva? “Hedonismo” es una palabra maldita, de ahí su enigma moral.

No solo  las personas pueden ser buenas o malas; también las palabras pueden serlo, especialmente cuando designan modos de vivir. Palabra “buenas” en la actualidad hay muchas: solidaridad, emprendedor, etc. Palabras “malas”, por el contrario, también las hay: corrupción, estrés, etc. Es esta, sin duda, una forma maniquea de ver el mundo. Como en las chatas películas de Hollywood: los buenos y los malos chicos. Sin embargo, también existen ámbitos de nuestra experiencia que designan realidades menos claras, problemáticas, ambiguas, plegadas, oscuras, confusas; espacios de significado que no pueden ser llamados “malos” abiertamente, pero que tampoco calificarían como “buenos”. Existe un resto o una parte maldita en la sociedad -apropiándome de la bella expresión de Georges Bataille- que no calza dentro de la visión del mundo en blanco y negro a la que nos tienen acostumbrados. Estos términos malditos no son explícitamente rechazados; pero, en el fondo, son condenados por ir en contra de las “buenas costumbres”. Una palabra maldita me inquieta, me tienta, me seduce: “hedonismo”.

 

Hay, entonces, palabras y modos de vida que cargan con el peso de una mala reputación. Calificativos que, aparentemente, solo individuos perversos, desviados o retorcidos se atreverían a desear para sí. ¿No es acaso políticamente incorrecto, incluso signo de falta de adaptación al sistema, declararse hedonista? ¿Qué dirían mis alumnos o las autoridades universitarias si escuchasen el grito de batalla con el que mi colega me despide? No estoy seguro, pero impávidos no permanecerían. Nos han enseñado -el ascetismo religioso, la marcialidad militar, la vigilancia educativa, el control social- que no debemos gozar más de lo necesario. La fruición conduce al pecado; la renuncia, directamente hacia la virtud. Y, sin embargo, a pesar de todo esto, nuestro cuerpo insiste y persigue el placer por debajo de la norma.

Aristipo de Cirene fue el primero en comprender que la felicidad se alcanza mediante el placer. Epicuro lo siguió. El hedonismo, en  líneas generales, alude a una vida dedicada al placer. Al goce del cuerpo, a la satisfacción de los deseos, a la estimulación de los sentidos. Puede haber, sin duda, un hedonismo terrible, descontrolado, bestial; un hedonismo que nos destruya. Pero esto puede suceder con cualquier cosa; el problema no es qué hacemos sino cómo lo hacemos. En sí mismo, predicar y practicar el hedonismo, no tiene nada de perverso. Al contrario, puede ser, más bien, el principio de una vida plena, pues sugiere el uso y disfrute libre todas las potencialidades que nuestro cuerpo alberga. La gastronomía, la música, el cine, los perfumes, el sexo, los masajes, ¿no potencian nuestra vida? ¿No nos muestran, acaso, todo lo que puede un cuerpo según la bella expresión de Spinoza? ¿Por qué negarnos a tan natural imperativo?

Entrevista a Michel Onfray sobre el hedonismo: “Hedonismo no es consumir”

http://bibliotecaesceptica.wordpress.com/2009/03/15/hedonismo-no-es-consumir-entrevista-a-onfray/

Anuncios