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Hace unos días, mientras esperaba durante horas que termine de grabrase el back up que estaba haciendo de toda la información que tengo en mi lap top, empecé a ver el documental Zeitgeist. En el pasado había visto algunos fragmentos, sobre todo aquellos vinculados con el 11-s, pero nunca me había sentado las casi dos horas que dura para verlo completo y de corrido. Muchas veces estuve, también, en medio de conversaciones en las que había tanto defensores como detractores de dicho documental. Sabía de qué trataba, pero no tenía un conocimiento de primera mano acerca de su contenido. Hasta hoy.

Traigo a colación este asunto primero para recomendarlo. Véanlo. Sea cual sea la postura que finalmente adopten, no está demás observar la perspectiva que nos ofrece. Es una obra crítica, específicamente de la política interna y externa de los Estados Unidos en los últimos años (en realidad décadas). El documental está dividido en tres partes: la primera, aparentemente desconectada del resto, plantea a las diversas religiones como variaciones de un mismo motivo cosmológico y propone, junto a ello, que las religiones son mitos -o historias falsas- destinadas a la dominación de la mayoría ignorante por una minoría que controla el poder -económico, político, simbólico-. La segunda parte, tal vez la más extensa e importante, aborda el atentado del 11-s y propone como hipótesis que el ataque contra las torres gemelas fue, en buena medida, permitido e inclusive hasta querido y planeado  por el mismo gobierno norteamericano. Finalmente, la tercera parte, con cierto aire a ciencia ficción -que no la desacredita, recuerden que las más alucinantes invenciones de la ciencia ficción han terminado por convertirse en realidad- sostiene que detras de los gobernantes de las principales potencias mundiales existen grupos -principalmente económicos- que son los que realmente dirigen los designios del mundo, asociaciones que buscan hacer del mundo un gran estado absolutamente controlado y organizado en función de sus intereses.

No quiero tomar postura ni a favor ni en contra del documental, ciertamente creo que me faltarían elementos de juicio para hacerlo. En realidad, el motivo de estas líneas es otro: dar un paso hacia atrás y problematizar la construcción de la verdad en los medios de comunicación y de información, y la relación que existe entre esta y la manera cómo la población, el ciudadano común y silvestre, se forma una opinión sobre un determinado tema justamente en función de esa verdad que los medios le ofrecen. El documental en cuestión parecía respaldado por la verdad o, en todo caso, para no usar una palabra tan fuerte, diré que parecía verosimil. Sin duda, persuadía, convencía, lograba su objetivo: que el espectador -en este caso yo- desarrolle una actitud crítica, de oposición, de indignación, frente a la manera en que los gobernantes de Estados Unidos se han guiado en los últimos tiempos. Sin embargo, ¿es tan simple que un documental logre tirarse abajo todo un aparato de dominación construido supuestamente con mucha diligencia e interés a lo largo de las últimas décadas? La respuesta parece ser que no. Entonces, ¿dónde quedan todas las (¿aparentes?) verdades que nos muestra? Me pregunto, ¿no será posible acaso que la otra parte, es decir, el gobierno de Estados Unidos y los afectados por el documental organicen una defensa tan buena o mejor incluso que la que Zeitgeist nos presenta? ¿A quién le creemos? ¿Cómo podemos saber quiénes tienen detrás de sí la palabra verdadera, el discurso real? 

¿Existe tal cosa como una verdad en estos casos?

Me inclino a pensar que sí. Por ejemplo: el atentado del 11-s tiene que tener algún responsable: Al-Qaeda, el mismo gobierno norteamericano o tal vez ambos en confabulación. En todo caso, sea cual sea la postura por la que nos inclinemos, alguna debe ser verdadera y las otras no. Entonces alguien miente: Zeitgeist o la administración norteameriacana. Una vez más, ¿cómo saberlo si es que la construcción de argumentos, defensas y ataques, está tan bien lograda?

Lo que me sucedió al observar este documental es solo un caso particular de un fenómeno mayor al que nos enfrentamos diaramente: ¿en función de qué informan los medios de comunicación? ¿Qué los guía: intereses económicos, políticos, religiosos, ideológicos… la verdad? ¿Cuándo informan realmente y cuándo sub-informan, des-informan, mal-informan? ¿Tienen sentido estas preguntas o será que siempre la información está sesgada, que es imposible hallar una transmisión clara y distinta? ¿Será que vivimos en un mundo de simulacros donde solo cuenta cómo presentamos nuestra imagen y en el que el fondo de lo real y la verdad que lo acompaña han desaparecido?

Los medios de comunicación y de información, la publicidad y el marketing, los líderes de opinión -artistas, políticos, religiosos, profesores, etc.-, entre muchas otras autoridades que forman las representaciones y las creencias de la población, ¿en qué se basan para hacerlo?

Como verán tengo más preguntas que respuestas. Zeitgeist me sirvió como motivo para abordar un asunto que seguro más de una vez hemos pensado, pero que no está de más repensar ahora (piensen en otros ejemplos, como los conocidos documentales de Michael Moore o de Al Gore). Las elecciones en nuestro país vendrán pronto y empezaremos a escuchar discursos y más discursos, ¿creeremos? Si somos escépticos y de entrada pensamos que siempre nos engañan en función de sus interes y ambiciones, entonces ¿pateamos el tablero? ¿Nos hacemos a un lado y abandonamos el juego político? ¿Es posible hacerlo? De ser así, ¿qué nos queda? ¿La desidia, el nihilismo? Más preguntas…

Les dejo un video que me pasó un amigo hace unos días. Alan García da un discurso en Majaz antes de la elección del 2006. Es solo una ejemplo de lo que digo líneas arriba, seguro ustedes conocerán muchísimos más (de nuestro presidente, sin duda alguna).

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