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 ¿Será la comida capaz de brindarnos esa idea de nación que tanto anhelamos? ¿Será la gastronomía el saber indicado para solucionar los problemas que nos aquejan y ante los que historiadores, sociólogos, economistas o filósofos se han mostrado impotentes? ¿Serán los cocineros la nueva intelligentsia nacional? ¿Serán el ceviche, la pachamanca y el juane capaces de lograr lo que héroes de guerra como Miguel Grau o lo que culturas prehispánicas como los Incas no han podido, esto es, hermanar a los peruanos? Tal vez estas preguntas parezcan extrañas, pero meditadas con calma expresan aquello que en los últimos años venimos pensando a fuego lento: que la potencia de la cocina peruana para transformar nuestra sociedad y la representación que tenemos acerca de nuestro país es muy grande. El boom culinario ha llegado a nuestro país para quedarse. Lo que aún no podemos determinar con certeza es cuál será el impacto final de este fenómeno.

 

Son estos problemas los que el documental “De Ollas y Sueños”, dirigido por Ernesto Cabellos, nos invita a pensar. El documental trata, en principio, sobre la diversidad de la comida peruana; pero va más allá y retrata una imagen del Perú desde su gente, sus tradiciones y anhelos. De Iquitos a Lima, pasando por Londres y Madrid, para aterrizar finalmente en el Cusco, muestra cómo se crean y cocinan los diferentes platos y qué aventuras han tenido que sortear para poder cruzar nuestras fronteras y llegar a ocupar un aún pequeño lugar en los circuitos culinarios de las ciudades más importantes del mundo. Imágenes en movimiento llenas de color, presentando los más diversos ingredientes, explotan en el ecran despertando en nosotros un inmenso apetito. Además, presenciar los rostros de satisfacción y orgullo de quienes cocinan, ya sea en lujosos restaurantes de la capital, en medio de una chacra en los Andes o en un pequeño departamento en Nueva York, genera en los espectadores atentos una especie de nostalgia o saudade producto del recuerdo que tenemos de esos momentos, íntimos pero al mismo tiempo destinados a la comunión, que son el ritual de la cocina y la ceremonia de la mesa.

 

Sin embargo, estas imágenes despiertan algo más que apetito y nostalgia. Después de unos minutos, el director deja la descripción para entrar en el terreno más molesto y rehuido del pensamiento; el documental se convierte en una pieza muy bien edificada de reflexión sobre “peruanidad”. En un punto crucial nos pone frente a una verdad irrefutable: resaltando el hecho de que la palabra “mestizo” está poco a poco adquiriendo un valor positivo, el documental sostiene que el éxito de la nuestra comida se debe a que la fusión que la constituye no surgió de un día a otro ni es producto del azar, sino de cientos de años de paciente y cariñosa mezcla. Su armonía, expresada en el balance y equilibrio de sabores y texturas, es producto de la combinación de todas las sangres, en palabras de Arguedas. El punto negativo está en que las personas -a diferencia de lo que sucedió con las tradiciones culinarias provenientes del África, de la China, de España o de las culturas prehispánicas- no han alcanzado aún una fusión armónica. El documental propone a la gastronomía como ejemplo y vehículo para lograr ese mestizaje y esa armonía en la diferencia tan anhelados.

 

Otra cuestión que nos deja pensando en esta hora y media de viaje por nuestra comida y por nuestros sueños sale de los labios de un siempre lúcido Gastón Acurio. Es una idea simple, incluso obvia, pero por ello demoledora: “gastronomía y hambre no es ético”. ¿Cómo pretendemos ser la capital mundial de la gastronomía si muchísima gente muere de hambre? ¿Qué sentido tiene poseer una cocina reconocida en todo el planeta si el porcentaje de desnutrición infantil es elevadísimo (25%, Fuente: ONU)? La afirmación de Acurio es tajante: el auge de la gastronomía no es un asunto solamente comercial, ni de imagen internacional, ni de lujo para las clases altas; es, en primer término, una cuestión ética y política. Nuestra cocina expresa lo que somos, pero también lo que podemos llegar a ser: una mezcla de culturas e identidades equilibrada y muy sabrosa. Pero, principalmente, puede erigirse como uno de los símbolos que dirija y unifique nuestros esfuerzos para erradicar nuestro mal más endémico: la pobreza. De lo contrario, de nada servirá tener platos exquisitos, pues, ¿quiénes podrán comerlos?

Para conocer más sobre el documental, visitar:

http://www.guarango.tv/dols/sinopsis.html

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