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¿Cómo funciona nuestra memoria? Difícil pregunta, pero necesaria. E insistente. Sobre todo ahora que la tecnología ha virtualizado o expandido las posibilidades de recordar… pero también de olvidar. Lo efímero de una conversación que tal vez se hubiera perdido en el fondo sin fondo de nuestro inconsciente, no por represión sino simplemente por economía del recuerdo, puede guardarse involuntariamente en una memoria externa, virtual, tecnológica, a-subjetiva e impersonal. No hablo de ciencia ficción, para nada. Me refiero simplemente a la carpeta de “archivos enviados” de mi correo electrónico. Nunca se me había ocurrido entrar en ella a hurgar en el pasado del mundo, de mi pasado; nunca la había visto como una fracción de la memoria del mundo, de mi memoria; jamás pensé que ella actualizaría mi inconsciente, o el tuyo. Como en una sesión de psicoanálisis, un poco por asociación libre, abrí dos o tres correos, de momentos diferentes, hasta que me topé con el siguiente intercambio. La emergencia involuntaria y ciertamente intempestiva de esta conversación hizo sentido con muchas de las cosas que estoy viviendo ahora. ¿Coincidencia, azar? Tal vez. Pero el sentido siempre viene después del acontecer, y es solo eso lo importante.

 

 

Lunes, 26 de noviembre de 2007, 21:58:20

 

J:

Qué pasa si un filósofo ya no quiere pensar. Qué pasa si el filósofo, sencillamente, quiere parar. Se puede? O es la condición de su vocación? La maldición de su elección? Me lo dirás tú, filósofo. Porque por mi lado, nunca podría ser filósofa. Yo me canso de pensar, a cada rato. Y cierro la puerta, con todos los pensamientos dentro, y me voy corriendo, sonriendo o llorando, pero sin pensamientos que justifiquen ninguna de las cosas. Qué pasa si te cansas de pensar… cómo sigues justificando lo que hablas. Tal vez los filósofos hacen lo mismo que cualquiera. Cierran el libro y se van a ver una pela. O se emborrachan el fin de semana solamente para no joder mucho a la gastritis. Vivir otra vez cada instante? Afirmar cada uno de ellos? Por lo pronto que en la misma vida, se repiten ciertos instantes, como tomarse un te de rosas, y así, repitiéndose, afirmamos y reafirmamos lo que ya vivimos. Ese Nietzsche. Ese Nietzsche y todos los demás… son todos escritores de  ficción, que les han puesto el título de filósofos yo no sé por qué.

Martes, 27 de noviembre de 2007, 18:58:45

A:

“Cualquier pez puede nadar cerca de la superficie, pero solo las grandes ballenas son capaces de descender más de cinco millas…. Desde que el mundo es mundo, los buceadores del pensamiento regresan a la superficie con los ojos inyectados de sangre” (Herman Melville, Moby Dick)

Intensidad y encuentro (intensidad del encuentro, encuentro en la intensidad…), son las palabras que se me ocurren para describir la experiencia que tengo al leer una y otra vez tu texto. No podría decirlo mejor que tú: los filósofos no hacemos otra cosa que fabular, mentir es nuestra excelencia (aunque se nos haya dicho amantes de la verdad). Pero no mentimos para ocultar, pues no hay nada que nos avergüence; fabulamos para hacer más tolerable la existencia, la visión del mundo sin piel… pues pensar no ha sido nuestra elección, es un modo de ser, una forma de sentir. Una vez que empiezas a pensar no hay marcha atrás… y sin duda la conciencia de esta necesidad es abrumadora: lo profundo y lo elevado, el deseo y la idea, no le dan tregua al pensar. Una vez instalado ahí solo puedes imaginar la superficie. Cierro el libro, definitivamente. ¿Pero es eso suficiente? La visión de lo intolerable te acompaña hasta la superficie bajo la forma de la trivialidad, el tedio, la necedad. Por ello, si me hubiesen permitido elegir -aunque uno nunca elige- hubiera respondido calmadamente, como Bartleby, “preferiría no hacerlo”.

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