Etiquetas

, , ,


(Una versión similar de esta entrevista fue publicada en la Revista Asia Sur, Nº 91) 

Foto: Alonso Molina / Revista: Asia Sur

Gam Klutier, nació en Holanda hace más de medio siglo. La primera parte de su vida la pasó entre su país natal y Nueva York. Su relación con el Perú comenzó en los 80’s, y hoy en día es más estrecha que nunca. Desde su llegada no ha dejado de participar en la vida artística de nuestra ciudad: su última exposición fue en el año 2008 en la Galería de Lucía de la Puente; la primera, allá en 1982 en la Galería “9”. Entre tanto, ha realizado muchas otras exposiciones, tanto colectivas como individuales, en Perú, Holanda, Estados Unidos y España. Si bien actualmente se concentra principalmente en sus pinturas, durante mucho tiempo también se dedicó a la escultura. Incluso ha publicado, en el año 2003 un libro: “The relativity riot”.

Gam nos recibió en su taller un lunes por la mañana, pleno de neblina. Uno de esos días en los que comprendes la insignificancia y la pequeñez del ser humano frente a la inmensa sublimidad de la naturaleza. Con un tono de voz bajo y con movimientos lentos nos invitó a conocer su última creación: “Born to Shine”. Esta es la segunda obra de una misma serie inaugurada en el 2007 con la pieza “Maya of Multitudes”. Ambas pinturas representan seres de la naturaleza con un marcado estilo rupestre o precolombino (la primera en blanco y negro; la actual en colores, predominantemente en tonos amarillos). Su particularidad es que, debido a su gran formato y a su modo de exhibición, han dejado de ser “cuadros” en sentido literal para convertirse en asombrosas “instalaciones”. Entre los años 2004 y 2005, Gam construyó en su taller un domo de 11 metros de diámetro por 4 metros de alto. En el 2007 fue “Maya of Multitudes” y actualmente es “Born to Shine” la pintura que recubre completamente las paredes circulares del lugar. Según me contó el mismo Gam, él entiende este domo como el “interior de la pintura”. La idea es que los espectadores contemplen “desde adentro” la creación y tengan una experiencia más íntima, que estén en la obra, no frente a ella. Además, me cuenta Gam mientras recorremos el lugar, es clave la experiencia que genera la circularidad del espacio, pues permite un mejor flujo de la energía; el piso, por su parte, hecho completamente de tierra, nos ofrece un contacto y una conexión con nuestras raíces; finalmente, la apertura en el techo nos re-envía hacia el afuera, hacia lo divino. El 4 y el 11 de marzo Gam hará pública su obra en complicidad con un recital de piano del maestro Juan José Chuquisengo.

Cualquiera diría que durante la conversación se habló poco, o nada, de arte. Lo que es cierto y falso al mismo tiempo. No hablamos, es justo confesarlo, del aspecto estético de sus pinturas, ni de sus referentes en la historia del arte, tampoco de su técnica. Sin embargo, la conversación naturalmente fluyó hacia lo que podríamos denominar una “metafísica del arte”. Gam me hizo pensar mucho en el gran filósofo alemán Arthur Schopenhauer quien hacía del arte una vía de acceso a una dimensión de la realidad la mayor parte del tiempo oculta para el ser humano pues no puede ser captada sensorial ni racionalmente; una dimensión espiritual con la que podemos entrar en contacto solo gracias a la intuición. En este sentido, para Gam Klutier, como para Schopenhauer o los vedas, la realidad es siempre dual, material y espiritual al mismo tiempo. La misión del arte es ponernos en contacto con esa dimensión profunda tan olvidada hoy en día.

Foto: Alonso Molina / Revista: Asia Sur

ALC: ¿Qué influencia tiene el Perú en tu trabajo?

GK: Originalmente mi trabajo era mucho más conceptual, en ese sentido era un artista más europeo. No contemplaba como una de mis opciones creativas a la intuición; todo lo tenía que hacer pensado y calculado. El Perú me ha traído una influencia muy diferente, pues he tenido que acomodarme a la energía y al potencial de este sitio. Desde que llegué ya no pude confiar en mi habilidad para conceptualizar, tuve que entregarme a lo que sentía en este lugar, a su espíritu. A lo largo de mi vida jamás pensé que iba a pintar así. Yo pintaba abstracto, algo muy diferente a lo que hago ahora.

 

ALC: ¿Y cómo experimentaste este proceso de transformación?

GK: ¡Uf! fue complicado, no fue fluido. Yo vine a Lima más como escultor que como pintor. Siempre trabajé con ambos registros, pero exhibía formalmente como escultor; la pintura, por el contrario, era parte de mis procesos personales, de confrontación. Cuando llegué al Perú tuve algunas muestras, una en la Galería “9” de Élida Román, que fue bien recibida. Sin embargo, hice una muestra en 1983 en la Galería Forum que tuvo resultados desastrosos. Por ello, del 84 al 90 no mostré más mi pintura. Luego de esos años de transición, en 1994 fue la última vez que realice una muestra de mi trabajo escultórico. Fue un punto muy importante porque significó que desde entonces iba a comenzar a exhibir mi pintura.

 

ALC: ¿Cómo podrías resumir esta comunión artística que sientes con nuestro país?

GK: Poco a poco se fue haciendo explícito que la influencia del Norte bajaba y que la del Sur estaba en ascenso. A partir del 2001 resido casi permanentemente en el Perú. Artísticamente, inspiracionalmente, siento mis raíces muy unidas a esta tierra. Creo que la fuente espiritual aquí es muy atractiva, al menos para mí. Realmente estoy enganchado y quiero saber más al respecto.

 

ALC: ¿Encuentras en el arte una vía de acceso a esta dimensión espiritual de la realidad?

GK: Mirando la historia del arte, podemos notar que el arte casi siempre ha sido un puente hacia lo divino. El arte trata de alcanzar y comunicar algo que normalmente no se puede aprehender. No obstante, actualmente, debido a que vivimos inmersos en una sociedad donde priman el comercio y el consumo, en alianza con la tecnología y los mass media, entonces el arte se ha visto también sometido a esta lógica del capital. Hoy en día el arte es casi inseparable del mercado. Yo creo, sin embargo, que la motivación por la verdad, en silencio, en soledad, es la única fuente que realmente empuja al artista a hacer las cosas. Pienso que lo que motiva al arte es buscar ese fondo espiritual que no podemos asir pero que, inevitablemente, anhelamos.

ALC: ¿Crees que esa alianza contemporánea entre arte y mercado es perjudicial?

GK: Me parece que el aspecto muy comercial del arte hace más superficial esta búsqueda. La paradoja y la dificultad radican en que el intento por re-conectarse con la realidad espiritual de nuestra existencia, generalmente no corresponde con las expectativas que tenemos de nuestra fuente de ingreso. Además, el mercado artístico tiene una tendencia que demanda ciertas cosas. Creo que muchas veces la búsqueda del artista es solitaria y que, por ello, tiende a apartarse de esa tendencia. La búsqueda de esta fuente o espíritu subyacentes siempre está presente porque el ser humano tiene un impulso natural que lo empuja hacia la trascendencia. Sin embargo, hoy en día hay un fuerte conflicto con el arte comercial y del mercado. Son tendencias opuestas.

 

ALC: Observando el carácter figurativo de tus pinturas, me pareció ver en ellas cierta influencia del arte precolombino…

GK: Sí, sin duda. Esa es la tierra quien, consciente o inconscientemente, me manda a hacer las cosas. Yo me siento en el trabajo creativo como un ser flotante. No creo que yo maneje a mis creaciones, más bien siento que son ellas las que me manejan a mí. Me experimento más como un instrumento.

 

ALC: Sería entonces la naturaleza la que se expresa a través de ti y de tus obras…

GK: No exactamente. Yo creo que la realidad es dual: tiene una dimensión fija que nunca cambia, el “espíritu”; y otra que está permanentemente transformándose, “la naturaleza”. Entre ambos polos existe, además, algo que podemos llamar el “mundo mental”: la imaginación o la fantasía, lugar en el que los seres humanos procesamos las cosas. Entonces, no es que en mis piezas yo intente retratar a la naturaleza. A mí lo que me jala y me empuja a pintar es el polo fijo, lo espiritual que está “más allá” de la naturaleza y sus variaciones. Sin embargo, el único recurso que tengo para expresarme es lo figurativo, por ello recurro, paradójicamente, a las formas naturales. De no ser así caería en un punto Zen, en la nada.

 

ALC: ¿Qué piensas de la forma en que el ser humano se vincula actualmente con esa fuerza espiritual subyacente y con la naturaleza?

GK: La animalidad del ser humano es obvia. Por ejemplo, comemos plantas y animales para sostener al cuerpo. Pero el ser humano, por alguna razón, tiene la potencia de distanciarse del cuerpo y de alcanzar un grado de conciencia superior. Para mí la forma adecuada de vivir es obtener un balance entre uno y otro. Sin embargo, la sociedad actualmente está marcada por una cosmovisión que nos re-direcciona la mayor parte de las veces a desarrollar solo la conciencia del cuerpo y a disfrutar de las facilidades que nos puede dar. Estas son, sin embargo, de corto plazo y muchas veces muy falsas; además, difícilmente ayudan a llenar esa necesidad del ser humano de conectarse con su aspecto eterno o espiritual. Entonces, creo que hoy en día estamos capturados por aspectos negativos, que rompen el equilibrio de nuestro ser.

 

ALC: ¿Cómo se manifiesta esta falta de equilibrio?

GK: La forma en que nos comportamos con la tierra, por ejemplo, puede llegar a parecernos normal, pero no lo es. La estamos consumiendo vorazmente. Pensamos que es más importante tener una computadora que tener un campo que nos de frutas. Necesitamos ambas cosas, eso está claro. Pero ninguna debe sobrepasar a la otra, la balanza es una cosa importantísima. En realidad el ser humano es algo absurdo: en un momento manda una bomba que mata miles de personas y en otro se generan esfuerzos enormes para salvar a una niña que ya casi no tiene vida. Estamos realmente fuera de la lógica. Somos muy contradictorios, muy conflictivos en muchos sentidos. La religión, por ejemplo, es una expresión clara de esta contradicción: predican amor y practican la guerra. Ojalá el ser humano abra un poco sus ojos y busque un camino más correcto. Yo no puedo cambiar el mundo, apenas puedo hacerlo conmigo mismo. La opción está en cada uno.

 

ALC: ¿Y tú crees que el arte ayuda a eso en alguna medida?

GK: El arte es esencial en el sentido de permitirnos mantener la relación con la belleza. La necesidad del ser humano de tener las cosas en balanza, estética y éticamente hablando, es fundamental. Yo creo que el arte, en tanto profunda expresión de la dimensión espiritual del ser humano, es fundamental para recordarnos lo que tenemos que hacer.

Foto: Alonso Molina / Revista: Asia Sur

Anuncios