Etiquetas

, , , , , ,


II.

Filósofos de características muy diferentes se han preocupado por resaltar el carácter práctico y concreto del pensamiento antiguo (socráticos, cínicos, estoicos, epicúreos, etc.). A modo de simple sugerencia, menciono aquellos que estoy leyendo últimamente: tal vez el más conocido sea Michel Foucault, quien en diferentes momentos de su trayectoria intelectual, pero sobre todo hacia el final de su vida, se dedicó directamente a investigar en qué sentido la filosofía antigua era, por encima de cualquier otra cosa, un trabajo sobre sí. En libros como La hermenéutica del sujeto o en La historia de la sexualidad (especialmente en el segundo y el tercer volúmenes titulados “El uso de los placeres” y “La inquietud de sí”, respectivamente) Foucault desarrolla la tesis de la filosofía como modo de vida. Otro autor notable es Pierre Hadot. Sin duda es menos conocido que Foucault, pero no por ello sus análisis son de menor calidad. Recomiendo muchísimo un bello libro titulado Filosofía antigua y ejercicios espirituales, en el que Hadot, a lo largo de diferentes ensayos (dedicados a Sócrates, Marco Aurelio, entre otros), presenta una tesis muy similar a la de Foucault: más que contentarse con desplegar teorías que sirviesen como imágenes del mundo (sistemas de representación de la realidad, como lo harán los filósofos modernos), los pensadores antiguos buscaron construir un conjunto de ejercicios destinados a perfeccionar el espíritu. Vale la pena mencionar que este libro incluye dos ensayos en los que Hadot contrasta su visión del pensamiento antiguo con la de Foucault.

Un tercer autor, muy conocido por un buen libro sobre Nietzsche (Nietzsche. La vida como literatura), es Alexander Nehamas. En un texto titulado El arte de vivir, Nehamas repasa, a partir de Sócrates -figura que, según él, funda la concepción de la filosofía como modo de vida- un conjunto de autores que, a lo largo de la historia de la filosofía, han seguido aquella senda inaugurada por Sócrates. Nehamas aborda a Platón, Montaigne, Nietzsche y Foucault (pero menciona, además, que junto a ellos podríamos hablar también de Kirkegaard, Schopenhauer e incluso Wittgenstein). Si bien representan un grupo heterogéneo, todos ellos guardan algo en común: la búsqueda de una vida auto-constituida, esto es, hacer de sí un personaje. Finalmente, un autor muy “popular” actualmente, y muy polémico al mismo tiempo, que también concibe la filosofía antigua de la manera que venimos mencionando es Michel Onfray. Fiel seguidor de Nietzsche, para Onfray la moral es una cuestión plenamente estética, de ahí su interés por el pensamiento antiguo, sobre todo por aquellas escuelas que más decididamente hicieron filosofía en acto. Onfray reivindica una historia paralela o, en sus propias palabras, una contra-historia de la filosofía, en la que ocupan un lugar privilegiado, en el caso del mundo antiguo, los cínicos, representados ejemplarmente por Diógenes. Varios libros de Onfray nos aproximan al tema de la filosofía como modo de vida: La sabidurías de la antigüedad. Contra-historia de la filosofía 1, Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros y, especialmente, La escultura de sí. Por una moral estética.

Cada uno de estos filósofos tiene su propia lectura e interpretación del las escuelas filosóficas de la antigüedad (las cuales, a su vez, también son enormemente heterogéneas). En lo que todos coinciden es que en este periodo -desde los presocráticos incluso hasta el momento cristiano de la filosofía-  se concibe a la filosofía como una preparación para la vida, por ello, como un conjunto de ideas, estrategias, técnicas, normas, consejos que, siendo muy variado también, tenía un único fin: modelar o esculpir al individuo, tanto física como espiritualmente, con la finalidad de perfeccionar, gracias a ello, su existencia. Sería interesante detenernos a analizar las diferentes estrategias de subjetivación (usando un lenguaje más contemporáneo) a las que recurrieron las escuelas antiguas, pero ello llevaría este texto por un camino diferente al que inicialmente he elegido. Solo mencionaré algunas de ellas: la meditación, la escritura de sí, el repaso de pensamientos, la anticipación de los males, la memorización de preceptos, la toma de conciencia, etcétera. En todo caso, y Pierre Hadot insiste mucho en esto, las listas de estrategias no son fijas; y no podrían serlo pues, en última instancia, los ejercicios espirituales son simplemente medios para lograr el fin al que todo ser humano consciente de su existencia inauténtica aspira: el perfeccionamiento, que no es otra cosa más que la liberación. Y es este punto -la variedad y apertura de estrategias o ejercicios conducentes al perfeccionamiento- lo que nos permitirá hacer el vínculo -extraño pero existente- entre las escuelas antiguas y el arte moderno, pues, como señalaremos luego, tal vez la característica más importante del arte moderno sea su des-materialización, es decir, el movimiento por el cual el arte dejó de ser una actividad conducente a producir un objeto (pintura, escultura, etc.) y pasó a ser una actividad que apuntaba a producir acontecimientos en lo real, entre los que figuraba, privilegiadamente, la misma vida de los artistas. Esta cuestión me llevará, en última instancia, a situar a la fotografía en tanto acto creativo como una estrategia de autoformación.

Seguiremos.

Anuncios