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Invitación

El próximo jueves 13 de junio a las 7:30 p.m. se inaugura la muestra “Ello, Yo, Superyó, Miniyó, Noyó, Otro” de Fiorella Gonzales Vigil en la Galeria de Arte Cecilia Gonzales & Denise Dourojeanni. La exposición es una reflexiona sobre la inestabilidad de la identidad personal en un mundo “líquido” como el contemporáneo.

Les dejo el texto que preparé para dicha exposición.

Especular[1]

“Yo es otro”

Arthur Rimbaud

 Michel de Montaigne vivió durante el Renacimiento, etapa de transición que estuvo marcada por una fuerte crisis de creencias, pero, al mismo tiempo, por una creciente sensación de libertad. Ante la emergencia de este horizonte cultural renovado, Montaigne decidió embarcarse, a través de la escritura, en un análisis existencial interminable: volver sobre sí mismo para hallar las certezas que el mundo ya no era capaz de ofrecerle; y descubrir, así, eso tan íntimo, pero al mismo tiempo sumamente enigmático, a lo que solemos llamar “yo”.

 

Fiorella Gonzales-Vigil, en un contexto cultural más convulsionado que el de Montaigne, también ha emprendido el arduo camino que conduce hacia sí misma. “¿Quién soy yo?”, “¿cuál es mi verdadero rostro?”, parece gritar silenciosamente la obra plástica de la artista. Sin embargo, las piezas que conforman la exposición muestran, a partir de un juego de reiteraciones especulares infinito, que ella sabe sin saber que esta es una tarea imposible. Trágica. La falla en el reconocimiento de sí atraviesa toda su propuesta, y esto la (nos) perturba.

 

¿Por qué la búsqueda de la identidad que subyace a sus mil máscaras -hija, amiga, artista, limeña, novia…-  está inevitablemente condenada al fracaso? Porque los sujetos somos tiempo y existimos en perpetua mutación; porque somos producto de relaciones y experiencias que están constantemente alterándonos. Por ello, proferir “yo soy” es un intento desesperadamente metafísico por detener el flujo de nuestra vida, por escapar a nuestra finitud, y establecer así un nombre y un rostro propios que nos permitan descansar transitoriamente sobre la pequeña seguridad que ellos nos ofrecen. No obstante, esto es solo una instantánea ficticia, especialmente hoy en día que las nuevas tecnologías han acelerado enormemente nuestra experiencia íntima y colectiva del tiempo, haciendo que el intento de asir con coherencia nuestro yo “real” sea un acto cada vez más vano, ilusorio, y, por ello, angustiante. Observando la exposición empezamos a sospechar que es muy probable que aquel yo real anhelado simplemente no exista.

 

Así, pues, las piezas -en diferentes registros, técnicas y formatos- que FGVM presenta en esta exposición muestran su propia experiencia de nuestra contemporaneidad: trata de sostenerse y unificarse en una representación de sí coherente y estable, pero, al final, su rostro se diluye entre sus dedos y nuestras miradas, fragmentándose en una multiplicidad de imágenes de sí: adecuadas e inadecuadas, deseadas y odiadas, buenas y malas, propias y ajenas, en fin, tanto lo uno como lo otro. Fiorella, entonces, se afirma en su carácter líquido. Ha iniciado, en palabras de Deleuze y Guattari, una proceso esquizofrénico[2] que le ha permitido liberar sus voces virtuales de la tiranía de un yo actual hegemónico.

 

Como el trabajo fotográfico de Duane Michals, la filosofía de Nietzsche o la poesía de Pessoa, esta propuesta nos obliga a preguntarnos cuál es la imagen verdadera y cuál la falsa, pero, como ellos, la joven artista hace explotar nuestras dicotomías abstractas y reduccionistas (copia/original, apariencia/esencia) invitándonos a aceptar que todo es simulacro, que detrás de la primera máscara siempre se esconde otra y que, detrás de esta, hay una más y así indefinidamente. Por ello, si bien al inicio su proyecto puede parecer expresión de un narcisismo pueril, en realidad articula la conciencia de alguien que está experimentando en carne propia la imposibilidad de decir “yo” y que, gracias a ello, empieza a descubrirse en su pluralidad inmanente.

 

Pero esta inestabilidad produce vértigo, aterra. Y de esto también es consciente Fiorella. ¿Se puede existir en perpetua desterritorialización? ¿Podemos vivir siendo uno y muchos al mismo tiempo? Esta exposición es un espejo de, y una reflexión sobre, el nomadismo que caracteriza, para bien o para mal, a la subjetividad contemporánea, y nos empuja, por ello, a preguntarnos, como Montaigne: “¿quién soy yo?” Es, por tanto, una obra terapéutica.


[1] Especular como verbo significa “investigar, observar”; especular como adjetivo significa “relativo a un espejo”.

[2] Deleuze y Guattari definen el proceso esquizofrénico como el movimiento de desestructuración gracias al cual el individuo pueden romper con una imagen de sí dominante que se hace pasar como la verdadera, permitiendo, así, la emergencia de una multiplicidad de aspectos que siempre han estado presentes en nuestra subjetividad, pero “reprimidos” por aquella máscara hegemónica.

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