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Hace pocos días salió a la luz mi primer libro: Cartografías del pensamiento. Ensayos de filosofía popular (Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2013). Es un libro de breves ensayos que abordan filosóficamente, pero con un lenguaje simple, cuestiones muy cercanas e importantes para todos nosotros: el amor, la libertad, la educación, el poder, el deseo, el pensamiento, etcétera. Además, la Introducción y el Apéndice del libro establecen un bosquejo del concepto de “filosofía popular”, el cual vengo trabajando hace algunos años.  Estos dos textos, y casi todos  los ensayos que componen el libro, fueron escritos básicamente durante el año 2009, luego de haber terminado de redactar mi tesis de maestría, en la que abordé la problemática del pensamiento en la obra del filósofo francés Gilles Deleuze.

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Espero que los interesados puedan hallar en el libro un pequeño motivo para el pensamiento. Les dejo un fragmento de la Introducción del libro, titulada “El pensamiento como máquina de guerra”:

“Filosofía para no filósofos, entonces. Para Sócrates −personaje que nos sirve como modelo− la filosofía, o el diálogo filosófico, tiene la finalidad de movilizar a los interlocutores para despertar sus conciencias dormidas y así liberar sus voluntades dominadas por los prejuicios y los dogmas. La filosofía, desde esta perspectiva, es un acto violento: molesta, choca, golpea, quiebra, desestabiliza, remece y sacude a quienes se enfrentan a ella. Tal vez por ello es tan resistida, nos quita la seguridad y comodidad de nuestras creencias y saberes. Como decía Nietzsche −lúcido y perturbador filósofo alemán del siglo XIX− nos saca del cálido hogar y nos ubica en medio del frío desierto[1]. Los principales enemigos de la filosofía son, entonces, el sentido común (lo que todo el mundo acepta como normal) y los dogmas (lo que alguna autoridad, por tradición y poder, determina como verdadero). La infatigable insistencia con la que Sócrates se enfrentó a estos enemigos hizo que lo comparen con un pez torpedo: golpeaba con tal fuerza que sus interlocutores, aturdidos, ya no sabían aquello que, minutos antes, afirmaban con total certeza. Sócrates, ¡verdadera máquina de guerra, genuino hombre de libertad! Esta tarea movilizadora del ejercicio filosófico puede ser calificada como terapéutica. Nos reconfortaría mucho que este libro logre generar mínimamente esto en sus lectores.

Pero la filosofía también puede ser transitada por otros senderos, como aquel que le asigna una función eminentemente estética o existencial. Sócrates, junto a otros grandes como Montaigne, Kierkegaard, Schopenhauer, Wittgenstein, Nietzsche o Foucault, hizo de su filosofía no solo un discurso dirigido al gran público con cierta pretensión terapéutica, sino que, además, hizo de ella un medio para construirse a sí mismo, para formar su identidad, para hacerse una vida propia y auténtica. Así, desde esta perspectiva, el despliegue de una filosofía (filosofar) es el camino o el movimiento por el que un individuo que se hace llamar a sí mismo filósofo llega a ser alguien −no digo alguien bueno, notable o reconocido; sino, simplemente, alguien singular, diferente o único−.”

PD. Todos quienes leen este blog desde mi ciudada, Lima (Perú), pueden hallar el texto en librerías como Crisol, Libun, entre otras.


[1] Cfr. Nietzsche 2000.

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